Storm King's Thunder Parte X (Los relatos del bardo Ybd-el-Tarim)

Serie de relatos sobre las aventuras del paladín Kadash (dragonborn), bardo Caeldrim (elfo), exploradora Myev (semiorca), hechicera Nana (gnoma) y el pícaro Lint (humano) en la campaña de DnD5e Storm King's Thunder.
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Los bárbaros acaban de deponer las armas y eran testigos de cómo Caeldrim el Bardo exploraba la sala de la izquierda que resultó ser un almacén. Mientras esto sucedía Kadash se presentó con imponencia ante los derrotados para averiguar a qué dios servían y arrancó el nombre de Fiskengg, una deidad desconocida por el paladín aunque intuyó que sería un culto local relacionado con el mar. Por su parte, Nana logró usar su poder mágico para hacerse pasar por alguien amistoso y aprendió que la enorme criatura marina que los había atacado horas antes era asimismo un siervo del mismo dios.

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Ybd-el-Tarim

Dado que Kadash no detectaba maldad ni energa diábolica en el entorno, optaron por relajar la tensión de todo el grupo aun con la experiencia del combate reciente en la mirada y en el cuerpo. Caeldrim quiso subir por las escaleras de la torre pero se encontró con una puerta infranqueable a lo que Lint respondió escalando y trepando por el muro exterior y llegando hasta el extremo superior donde yacían los restos del mecanismo del faro. Desde allí descolgó una cuerda y Kadash, a la segunda intentona, pudo salvar la distancia vertical y acompañar al ladrón en una sala llena de vidrio roto por el suelo.

Encontraron con facilidad unas escaleras descendentes y con cautela, el humano y el dragonborn comenzaron el lento descenso peldaño a peldaño mientras, afuera y en el superficie de la isla, Myev, Sheila y Nana patrullaban por los alrededores, atentas a cualquier actividad sospechosa.

Lint iba delante de Kadash en este descenso y fue por tanto él el que casi recibió de lleno una bola de fuego que surgió de más abajo, concretamente de los dedos de una criatura parapetada en una cámara inferior. Lint mantuvo la calma, se deslizó con sigilo escaleras abajo aprovechando unos preciados segundos en donde la criatura se mantenía escondida tras cajas y rejas y no disfrutaba de visibilidad, y consiguió sorprender por un costado al atacante que resultó ser un hombrecillo de edad avanzada, escuchimizado y tembloroso que respondía al nombre de Lucien. Lucien "el druida" y tripulación de la Ola Danzante, para más señas, que había conseguido escapar de la emboscada días atrás.

Sorprendidos pero seguros de estar haciendo lo correcto, Kadash y Lint lo tranquilizaron y le animaron a sumarse a ellos, lo descolgaron con cuidado por la cuerda afuera ya que en su refugio el druida había conseguido emplear su magia para bloquear la puerta de metal por dentro.

De vuelta al piso inferior, Lint se empeñó en abrir una trampilla que estaba camuflada bajo uno de muchos barriles y descubrió unas escaleras que descendían exentas en medio de una oscura gruta en cuyo fondo se acumulaba agua de mar estancada y quién sabe qué otros peligros y criaturas. Tras unos minutos de discusión interna en el grupo, se cerró la trampilla y se volvieron a los prisioneros a exigir información sobre cómo acceder al interior de la isla.

Al parecer, detrás del faro, en el mismo islote pero muy abajo se abría una gruta. El grupo pidió a Sheila una barca de su navío para navegar rodeando el islote hasta encontrar la entrada. Estas maniobras resultaron muy peligrosas, con las olas amenanzando con lanzar a la barca contra las rocas y hacerla estallar en mil pedazos pero esta visión de Kadash, Nana, Caeldrim, Lint y Myev luchando por asirse a algún saliente rocoso nunca llegó a consumarse y al cabo de unos minutos, al rodear un peñasco, descubrieron una enorme entrada que apuntaba al mismísimo corazón del islote.

Remando con cuidado y observando con atención las paredes de la enorme gruta pronto llegaron a una laguna interior en donde descansaba un enorme barco en tan malas condiciones que si se mantenía a flote era por la pura voluntad del barco. La sospecha de estar frente a frente con la Ola Danzante aceleró los corazones de nuestros héroes y heroínas ¿encontrarían a Inirva y al resto de la tripulación cerca?

Decidieron continuar remando y dejar el barco atrás, para pasar por un estrechamiento natural de la gruta apenas temporal ya que volvieron a encontrarse a las pocas brazadas con un espacio enorme, de techos naturales altos, una suerte de playa interior y un pequeño muelle al fondo. Caeldrim, en un lado de la barca que los transportaba acertó a divisar unas manchas oscuras que, sumergidas, nadaban a gran velocidad por toda la masa de agua en la que se encontraban. ¡Tiburones! ¡Cuidado! Susurró alertando a sus compañeros que con un último esfuerzo lograron arribar al linde la playa y salir de la barca para volver a pisar tierra firme.

A unos veinte metros de ellos en dirección a la pared de roca que discurría paralela a la línea de playa interior descubrieron una puerta aparentemente cerrada. Aun con heridas recientes del combate contra los habitantes de la isla y el agotamiento de remar hasta este punto, todos tenían claro que para resolver el misterio de la isla tendrían que franquear esa puerta.

Lint se ofreció a abrir con cuidado la puerta y espiar el interior. Esto hizo y descubrió toda una sala enorme llena de prisioneros de la Ola Danzante guardados por dos bárbaros. Había al menos dos puertas a ambos extremos pero el ladrón no podría averiguar su propósito aunque la de la derecha no parecía presagiar nada bueno.

Idearon un plan. Lint entraría sigilosamente junto con Caeldrim para colocarse agazapados en el otro extremo de sala para una emboscada, mientras Myev y Kadash aguardaban pegados a la puerta y Nana, lejos en la playa simulaba ser una náufraga suplicando ayuda contra los escualos. El plan se ejecutó a la perfección pero el resultado no fue el esperado. Todo a partir de este momento se desarrolló muy rápido.

A los gritos de socorro de la gnoma, uno de los dos bárbaros de la sala, ante la incredulidad de Lint y Caeldrim, salió disparado hacia la puerta de la derecha y no a la entrada donde aguardaban preparados Kadash y Myev. El bardo, sin pensárselo dos veces, lanzó un sortilegio de temblor sonoro contra el bárbaro que sufrió escarmentado en sus propias carnes magia tan poderosa para instantes después encontrarse frente a frente con el estoque del elfo. Myev abandonó su escondite fuera de la sala para entrar con toda su energía, daga en mano, y dirigirse a liberar rehén tras rehén ante el miedo de que los acontecimientos pudieran sorprender a la tripulación atada y amordazada. Kadash, tras los pasos de Myev, pero con dos jabalinas en lugar de daga, las dirigió una tras otras con decidida fuerza y tal acierto que atravesaron el cuerpo del segundo bárbaro que dudaba si acudir a ayudar a su compañero o mantener la vigilancia de los prisioneros. Malherido por el ataque feroz del dragonborn, fue el momento que elegió Lint para salir de su escondite y atacar por sorpresa y rematar al segundo bárbaro que vio cómo la visión se le oscurecía rápidamente antes de caer muerto.

Entretanto Nana corría desde su puesto en la playa hacia al interior de la sala preocupada por la suerte que estarían corriendo sus amigos pero al llegar al interior y hacerse una rápida idea de la situación optó por sumar sus esfuerzos a los de Myev y liberar de sus ataduras a la tripulación. Una de las personas liberadas se presentó como Inirva, la capitana del barco, y alertó de un peligro mayor tras la puerta lateral hacia la que se había dirigido el primer bárbaro que ahora yacía a los pies de Caeldrim tras un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Nana la conminó a llevar a toda la tripulación hacia fuera a la playa para ponerse a salvo mientras cubría el trecho hasta la puerta y con una fuerte patada abría las hojas y descubría a sus amigos una imagen aun más terrible.

Una gruta de la que surgían estalagmitas del suelo era el escenario de algún extraño y poderoso ritual al que asistían una media docena de bárbaros y un ser descomunal frente a un enorme caldero, al pie del cual se encontraba lo que parecía ser alguien de la tripulación de la Ola Danzante.

El combate era inevitable y lo inauguró Nana lanzando un poderosísimo rayo eléctrico que segó en el acto la vida de uno de los esbirros del gigantesco caudillo. Inspirado por la hechicera, Caeldrim volvió a hacer rugir el ambiente con su poderoso hechizo de temblor que dirigó con maestría hasta el caldero. No solo consiguió hacer temblar el caldero, sino que la criatura a sus pies cayó como un peso muerto al suelo y hasta el enorme cabecilla de los bárbaros que allí se encontraba completando un ritual chilló de dolor.

Mientras, en la retaguardia, Myev se hacía cargo de algunos guerreros parapetados tras las estructuras naturales de la caverna disparando flechas que les impedían salir con confianza de su protección y que recibían también en diversas partes de sus cuerpos.

Uno de ellos, rodilla en tierra, fue el primer enemigo con el que se enfrentó Kadash, el paladín dragonborn que estaba su elemento, y el primero que cayó bajo su espada.

Nana, por su parte, volvió a invocar energías arcanas de otros planos y sintiéndose un portal entre dos mundos, canalizó energía mística en forma de rayos contra el líder con suerte desigual y dejándola demasiado expuesta en mitad de la caverna.

Myev tuvo que esforzarse mucho para no caer ante uno de los bárbaros más grandes y poderosos que manejaba su enorme cimitarra con tal dominio que asestó un durísimo golpe a la semi-orca y la dejó gravemente herida. Luchó por su vida sacando una daga del cinto pero apenas pudo hacer más que alejarse del peligro inminente que su enemigo representaba.

Mientras, Kadash había ido a encararse con el líder de todos ellos, un guerrero más grande que él mismo, que se había adelantado para intervenir decisivamente ante la amenza de nuestros héroes y heroínas. No muy lejos de ahí, Nana, desatada, producía un rayo de energía caótica cargada de ácido y acababa con la vida de otro esbirro que cayó al suelo con la piel deshecha y la armadura humeante. Cuando la gnoma se disponía a buscar a su siguiente objetivo, una lanza surgida de un punto más alto en una torre en ruinas dentro de la caverna, impactó de lleno en su costado y la tiro de espaldas contra el suelo gravemente herida.

Caeldrim, fijando su mirada en quien consideró de mayor poder al margen del líder, ya en combate singular con el paladín, volvió a recurrir a la poderosa magia del temblor sonoro y se concentró con todas sus fuerzas en otro de los esbirros de mayor envergadura que se disponía a entrar en combate. El estruendo se sintió por toda la caverna y el eco se sumó a los gritos y alaridos del combate pero, sobre todo, lo sufrió su enemigo, que apenas unos segundos después vio venir al bardo con su estoque para un combate cuerpo a cuerpo. Los que lo vieron recuerdan cómo el elfo bailaba y golpeaba con su arma mientras el bárbaro hacía surcar en el aire a su cimitarra, cada golpe certero de uno recibía su contragolpe no menos hiriente y así los dos se castigaban el uno al otro hasta el bardo pudo rematar de una tremenda estocada a su enemigo. Cayó el bárbaro muerto y cayó exhausto pero victorioso Caeldrim, protagonista de las mismas hazañas y leyendas que canta para otros.

Myev consiguió levantarse y zafarse finalmente de su contrincante, retrocediendo malherida unos metros para ponder distancia entre ella y la cimitarra de su enemigo. Volvió a tomar su arco, cargar una flecha, abrir, anclar y enviar una flecha hasta otro de los soldados que estaba mano a mano con Lint, más preocupado de esquivar flechas y lanzas de arriba que de ponerse a salvo de los tajos del soldado entre de él. Una de esas lanzas, no obstante, iba dirigida a Nana, caída y dolorida en el suelo, que recibió otra punzada de dolor en su pierna izquierda.

Kadash y el gran enemigo, mitad mago mitad guerrero, mantenían un duelo singular en donde cada uno descargaba toda su fuerza en cada golpe. Un ritmo que no presagiaba nada bueno para el paladín que necesitaba sacar lo mejor de sí mismo para contrarrestar los tres rápidos ataques que llegaban en cada movimiento del brutal bárbaro.

La solución vino en forma de una última voluntad arcana de una Nana casi moribunda. Metros atrás, tendida en el suelo, se irguió furiosa para extender sus dos manos y vaciarse en un rayo caótico al que regaló generosa casi toda su energía vital. Este rayo potenciado fue a impactar contra la cara del malvado ser que destruyó sin contemplaciones y aún se dispersó peligroso por el resto de la gruta. Kadash, jadeante, vio a su enemigo caer inerte y postrado frente a él. Caeldrim se volvió rápidamente hacia el paladín para aplicarle una magia curativa que palió el terrible estado en el que el dragonborn había quedado tras los últimos golpes del caudillo de los bárbaros.

Mientras, Myev, que seguía atenta a todo cuanto se movía, volvió segura su mirada y su arco al enemigo del que se había zafado antes y clavó una certera flecha en el corazón del bárbaro que escupía sangre por la boca mientras caía de lado contra una estalagmita y luego al suelo.

Kadash, con energías renovadas tras la curación del bardo, corrió a subir las escaleras de la torre para dar con los enemigos allí apostados y que tanto daño habían hecho con sus lanzas. Lint siguió sus pasos y allí se encontraron con dos guerreros, de porte similar a los bárbaros de horas antes, que ante un Kadash y su orden de rendición, no dudaron en tirar las armas y darse por capturados.

Mientras, Nana, tremendamente herida se arrastró hasta el caldero, comprobó que el humano en el suelo estaba muerto y que, sin duda, había sido un marinero capturado de la Ola Danzante. El caldero, enorme, sobre un pedestal de alabastro, lucía claramente unas runas en gigante.

El silencio y la paz volvieron a reinar en la gruta pero pronto quedaron quebrados por los ruidos y voces de la sala donde se encontraban los prisioneros...

La naturaleza del caldero y qué sucedió a continuación serán desvelados muy pronto