Canadá: Cuatro en la carretera observando las estrellas

Nuestro periplo por las tierras del Norte nos lleva a Jasper, más al Norte aún de lo que ya estábamos. Hay una carretera que une Jasper con Banff y la idea (y única opción prácticamente) es cogerla y hacer todo el trayecto. Entre ambas localidades/regiones hay unos 330 km aproximadamente, nuestro plan era pasar recorrecorlos con tranquilidad y haciendo algunas paradas de camino para ver lugares interesantes.

Con esta idea nos pusimos en camino tras desayunar y nos lanzamos a la carretera. Creo recordar que hubo algunas paradas en mirados o similares pero honestamente no me acuerdo demasiado y se me juntan unos miradores con otros así que tendrá que bastar con las fotos y con mi palabra de que la carretera, que discurre entre bosques y montañas, es digna de hacerla sin mucho apresuramiento. Tampoco es que se pueda ir con prisas dado que la máxima velocidad que se puede alcanzar es de 90km/h y eso sólo en algunos tramos.

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Parada en Bow Lake

[Comentario de Pablo: la velocidad media en la práctica es de 70km/h porque hay muchos tramos con limitaciones especiales. Yo creo que no tiene sentido planificar esta ruta en menos de 6h y fácilmente se va a 8h]

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Paradita en Peyto Lake

La parada que tuvo más enjundia fue la programada en Columbia Icefield Discovery Centre. Este centro es fundamentalmente una especie de estación en medio de la nada que además de tener café y restaurante, da acceso a lo más interesante de la zona: la visita al glaciar. Hay dos opciones de visita por las que se puede optar, la simple supone que te llevan en autobús hasta el denominado Icefield Skywalk, que es una parasela al borde de la montaña desde la que se pueden disfrutan unas vistas espectaculares del entorno en general y del glaciar en particular, y la combinada, que además de contar con la vista al Skywalk, consiste en coger otro autobús (4 minutos) hasta una explanada en la que se coge un nuevo vehículo que lleva hasta el glaciar mismo. Ahí es . Pues nada, que optamos por el paseo caro y completo y nos abrigamos bien para nuestra visita al glaciar Athabasca.

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Glaciar Athabasca
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Glaciar Athabasca
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Glaciar Andrómeda

En primer lugar se hace la visita al glaciar. Los vehículos en cuestión son lo que denominan Ice Explorer y que son como una especie de súper autobuses con unas ruedas espectaculares que les sirven para desplazarse por el hielo del glaciar con facilidad. Por lo que nos dijeron durante el trayecto, fueron un encargo específico a una empresa de ingeniería que los diseñó para ser más eco-friendly y respetuosos con el propio glaciar y así sustituír a los anteriores que utilizaban raíles. Por los visto se han fabricado 24 de estos vehículos. 22 de ellos se usan en el Columbia Icefield y los otros dos en la Antártida con fines científicos por los ejércitos de USA y Australia.

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[Comentario de Pablo: en las guías mencionan que este lugar, en temporada alta, está a rebosar. Es fácil imaginárselo porque todo el complejo está dimensionado para hordas de personas, desde el gigantesco parking hasta el interior del edificio principal junto con sus restaurantes. Nosotros fuimos ya pasada esa temporada alta y parecían operar al 10% de su potencial, algo bienvenido en nuestro caso.]

Como os podéis imaginar el paseo fue muy emocionante y ver al vehículo trepar por la ladera de la montaña y sobre el glaciar era fascinante. Una maravilla de la ingeniería.

Una vez llegados al glaciar hay una zona acotada con señales y banderas que es el área que se considera segura. El conductor nos aconsejó/pidió que nos saliéramos de ella porque es la única en la que puede garantizar tu seguridad. Nosotros nos bajamos y dimos unas vueltas por la zona, disfrutando del paisaje y de la sensación de estar allí en medio. También he de decir que todas mis alarmas estaban en estado de alerta y todos los documentales de lo peligrosos que son los glaciares y lo fácil que es caer por una grieta que no se ve estaban pasando por mi cerebro en sesión continua. Cada crujido o atisbo de algo que se moviera debajo del hielo disparaba todas mis alarmas. Así que la media hora que estuvimos allí fue una mezcla de maravilla y miedo.

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Después de la visita al glaciar nos dirigimos al Skywalk para disfrutar de unas maravillosas vistas:

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Agüita de glaciar

Lo más emocionante, además de lo del glaciar, claro, es que vimos nuestro segundo oso negro. Poco después de salir del Discovery Centre nos encontramos con un montón de gente parada en la carretera y en los arcenes, así que nos pusimos a mirar y avistamos lo que todo el mundo estaba mirando y vimos al oso tan tranquilo, al otro lado de un río que discurría paralelo a la carretera, buscando comida entre los arbustos.

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Ahí está el oso

Total, que entre unas cosas y otras, estuvimos unas nueve horitas de nada en la carretera. Cuando por fin llegamos a Jasper era bastante tarde y no hubo mucho tiempo para nada, ni siquiera para ir al centro de visitantes a por mapas y algo de info para poder tomar decisiones.

[Comentario de Pablo: lo que sí pudimos fue cenar bastante bien en un restaurante propiedad de una cervecera local con bastante ambiente. Eso sí, por mucho ambiente que tuviera, se vio claramente la enorme diferencia de afluencia de público entre Banff y Jasper. Diría que por cada visitante de Jasper hay como 50 en Banff.]

El martes fue un día interesante, era nuestro 14º aniversario. Habíamos pensado hacer un plan los dos un poco diferente así que con algo de incertidumbre empezamos por ir al centro de visitantes. Queríamos hacer una ruta no muy larga y por una zona en la que hay unos Hot Springs (manantiales de agua caliente) llamada Miette, para así poder terminar con un baño calentito. La sorpresa vino cuando descubrimos que el sitio estaba a una horita de Jasper. En fin, que bastante más tarde de lo que habíamos planeado, nos pusimos en camino hacia Miette. Llegados allí la ruta de dos horas para comer arriba y volver y darnos un baño empezaba a ser un poco larga, así que optamos por hacer una más corta de las que recomendaban por la zona. Como es nuestra costumbre, nos perdimos, algo que es un fastidio en España pero se puede poner un poco tenso cuando estás en un país en el que hay osos... No estamos convencidos de que la culpa fuera exclusivamente nuestra ya que por el camino nos encontramos otras personas igual de confundidas que nosotros. "Mal de muchos...", que se suele decir. Como os figuráis no fuimos atacados por ningún oso pero tampoco terminamos ninguna ruta.

[Comentario de Pablo: teníamos varias opciones, la ruta de Utopia Pass y la de Upper Fiddle River entre otras. El problema es que probablemente la Utopia Pass, que era un hito intermedio-cercano hacia el monte Utopia, se solapaba completamente con la otra hasta un punto en cierta medida arbitrario "un claro en el camino" pero mi teoría es que hicimos el 98% de Utopia Pass en cualquier caso]

Decidimos hacer una que tocaba el río en varias ocasiones y se adentraba en un bosque húmedo y tupido de lo más evocador. Al principio el camino llevaba siguiendo el río Sulphur (el nombre no está puesto en balde, ya que apesta a huevos podridos) hasta un edificio en ruinas en el que se estaban los baños originalmente y luego continuaba ascendiendo hasta dejar atrás construcciones y arreglos humanos para convertirse en un sendero salido de un cuento de hadas centro europeo. Algo profundamente perturbador de caminar por los montes canadienses como lo estamos haciendo es que por un lado es paisaje es bastante reconocible, no es un tipo de bosque completamente ajeno a la experiencia de los bosques de montaña que hay en muchas zonas de Europa, pero a pesar de lo agradable que sea o de la belleza del paisaje, hay una sensación constante de peligro, porque aunque no sea muy frecuente hay una posibilidad de encontrarse con un oso. No es sólo que la gente te cuente sus anécdotas, es que cada vez que empiezas una ruta hay carteles que te recuerdan que debes tener precaución. Nosotros, aconsejados por nuestros compañeros de viaje que recibieron ciertas instrucciones de los rangers de USA en su viaje el año pasado a Yellowstone, vamos cada 20 pasos dando palmadas y diciendo algo en voz alta. El objetivo de esto es avisar a un oso de que estamos en las cercanías para nos sorprenderlo y que se aleje, se supone que los osos tienen tan poco interés en cruzarse con nosotros como nosotros con ellos. Además de esto llevamos spray de pimienta especial anti-osos para usarlo contra ellos en caso extremo.

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Nos encontramos esta maravilla reciente en medio del camino y pensamos: ¿será de oso? Con el spray en la mano seguimos, por si acaso, y al volver a Jasper y tener internet, vimos que hay una alta probabilidad de que lo fuera. Ups!

Nuestra ruta de la mañana no acabó en ningún sitio en concreto, dada la hora, en un punto arbitrario nos dimos la vuelta para poder comer nuestros sandwiches cerca de un puente por la zona transitada ya que no queríamos sacar la comida en medio del bosque. Terminada la comida nos fuimos a las piscinas de aguas calentitas (40 maravillosos Celsius) a relajarnos un poco.

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[Comentario de Pablo: aprovechando los manantiales de agua caliente sulfurosa calientan (y mezclan) con agua del propio río cercano y llevan más de 80 años explotando la zona con unas piscinas, dos de agua caliente y dos de agua fría. Estaba todo el mundo tan blanquito que no llamábamos la atención. Las instalaciones era relativamente modernas, de los años noventa, tras cerrar las anteriores a mediados de los ochenta por fallos estructurales. Fue un perfecto fin de caminata y un aprovechamiento de los trajes de baño que habíamos metido en la maleta]

El plan del día terminaba con una cena en un resort para gente de más de 60 a la que le sobra la pasta pero que era justo el sitio donde una empresa había montado una carpa planetario a la que íbamos a ir los cuatro esa noche. La cena "de aniversario" no estuvo mal pero la maldición que pesa sobre nosotros volvió a golpear y tardaron una hora en servirnos la comida desde que nos tomaron nota, así que pasamos de ir con tiempo de sobra para cenar tranquilamente a tener que deglutir la cena deprisa y corriendo para que nos diera tiempo a llegar al punto de encuentro y al lugar en el que habíamos quedado con Yami y Alex. Por suerte el cielo se portó muy bien y aunque no fue tan claro como se podría desear, pudimos disfrutar de todo lo que quisimos. Los organizadores, además del planetario con un video explicativo, habían montado cinco telescopios por los que pudimos mirar todo lo que quisimos. Así que el día terminó muy bien a pesar de ese bache de la cena.

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Aunque nos teníamos que ir nos sacaron este postre tan cursilón y lachoso

[Comentario de Pablo: nuestra maldición se ceba especialmente con nosotros cuando los sitios son caros y lujosos, como era el caso. Había elegido un restaurante carete y bueno en el resort y aunque el osso-bucco que pedí estaba impresionante, lo cierto es que la enorme espera lo deslució un poco. Tampoco le dimos una trascendencia especial por ser nuestro aniversario, en todo caso nos pareció muy sintomático. La actividad del planetario estuvo muy bien, sobre todo el uso de telescopios y no tanto el vídeo de la cúpula, más en rollo divulgativo. La gente se iba yendo rápido y nosotros nos quedamos casi solos con dos o tres personas más haciendo uso de los telescopios casi a placer. Además, no hacía mala temperatura y es verdad que el cielo se veía fantástico.]

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y mientras nosotros estamos por aquí nuestra pequeña Ada lo está pasando fatal ;_; (foto cortesía de nuestra kitty sitter