Canadá: Aprendemos sobre los Blackfoot y empezamos las rutas

Nuestra road movie continúa hacia el sur de Canadá cerca de la frontera con USA. La primera parada tras nuestra incursión pre-mesozoica (?) se centraba en las posibilidades de aprender más de los primeros pobladores de estas tierras. Por ello nos dirigimos primero al Parque Provincial Writing-on-Stone y después a Head-Smashed-In Buffalo Jump ambos sitios protegidos por la Unesco.

Llegamos a Writing-on-Stone por la tarde tras conducir durante casi tres horas desde Drumheller. Sin darle muchas vueltas aparcamos la caravana en el nuevo camping, muy mono y tal pero sólo nos daba electricidad, y nos pusimos en marcha para ver los petroglifos que eran el motivo por el que habíamos decidido ir hasta allí. El paseo, que no es muy largo, discurre entre hoodoos y siempre a la vista del río Milk, a veces casi tocando sus orillas y otras a bastante más distancia. En el camping nos dieron un mapa y un folleto en el que podíamos ir parando en los puntos de interés que estaban numerados, ya fueran lugares de especial interés por las vistas, por su significado espiritual y cultural para los siksikáítsitapi (Blackfoot) a lo largo de los muchos siglos que habitaron estas tierras o por los ya mencionados petroglifos.

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Río Milk
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Formaciones rocosas peculiares en los hoodoos

El paseo en sí mismo merece mucho la pena y, si se tiene la documentación, el contexto de la región y su importancia lo hacen especialmente interesante. Además el atractivo de los petroglifos lo pone indudablemente en el mapa de los lugares que, a mi juicio, hay que visitar. Los petroglifos en sí mismos eran de lo más intersante pero he de reconocer que nos fue difícil identificar algunos de ellos. Las zonas en las que se encuentran está valladas y señalizadas, pero no han sido inmunes al vandalismo así que en algunos casos la delicadeza de las líneas no puede luchar contra nuestros ojos no entrenados ni los rallajos de los impresentables que corrompen el testimonio cultural de otros pueblos.

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La mayor parte de los grabados se creó hace unos 3000 años, sin embargo los hay mucho más recientes como atestigua la aparición de caballos o incluso armas de fuego en ellos.

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Un sol que se veía muy bien

El más importante de los que se encuentran es el denominado Battle Scene (escena de batalla) y que representa una batalla que se produjo en las cercanías en 1866 entre los Blackfoot, los Crow y los Cree.

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[Comentario de Pablo: había propuesto este lugar como un muy interesante hito intermedio en nuestra necesaria gran vuelta desde Drumheller hasta Waterton al sur. Alberta tiene muchos sitios interesantes pero también mucha extensión de terreno sin nada más que pequeñas poblaciones dispersas, lo que hacía poco atractivo un palizón de horas de conducción acortando por la diagonal. El paisaje era impresionante y representaba el marco natural en el que tenían sentido esos petroglifos ya que era muy fácil entender por qué otros pueblos antes que nosotros hubieran elegido ese lugar como uno de gran significancia espiritual y material]

Aquí se pueden disfrutar algunas vistas de nuestro paseo:
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Al día siguiente el plan consistía en salir del parque de Writing-on-Stone y dirigirnos a Head-Smashed-In Buffalo Jump en donde habíamos reservado una actividad educativa de tres horas. La mayor novedad de este trayecto es que me tocó a mí ponerme al volante de la caravana. Afortunadamente conducirla no es muy diferente a conducir un coche, un poco más complicado si una no está acostumbrada a conducir coches automáticos. Lo más problemático realmente es que el volante es muy sensible a las vibraciones de la carretera o se desvía fácilmente y hay que estar muy atenta o haciendo correcciones con frecuencia. El caso es que llegamos sanos y salvos al centro de visitantes con el tiempo justo para tomar un sandwich rápido y unirnos al grupo de la actividad.

[Comentario de Pablo: como viene siendo la tónica en este viaje, mientras el resto son canadienses o en algún caso estadounidenses, nosotros somos los más lejanos]

En una pequeña sala nos recibió el guía de la actividad. Después de darnos una serie de instrucciones y resumir un poco la actividad, comenzó a explicarnos algunas cosas sobre su pueblo como los diferentes grupos que componen lo que se denomina la Confederación Blackfoot, el origen del nombre Blackfoot (dado por los primeros colonos, conquistadores, etc.) que tiene dos o tres teorías, por ejemplo. Al cabo de un ratillo apareció un anciano para contarnos historias y darnos una bendición. El anciano, nos explicó la importancia del tabaco en sus ceremonias, y a través de un tejido de historias míticas, experiencias personales o cuentos que él había recibido de sus abuelos, construyó un interesante relato sobre su gente, cómo llegó a convertirse en anciano (elder), su viajes para llevar por el mundo su cultura y su aprendizaje para conservar su herencia natural e histórica, además de sus mitos de la creación. Por supuesto, tuvimos la oportunidad de poder escuchar su lengua, algo que siempre disfrutamos mucho, especialmente cuando se trata de idiomas tan desconocidos para nosotros.

Algo que me llamó profundamente la atención del tiempo que estuvo hablando con nosotros fue la forma en la que construía su relato, de alguna forma inconexa, como si fuera saltando de temas sin ton ni son pero luego todo estuviera unido por un hilo muy tenue que lo conectaba todo, presente, pasado, futuro, símbolos, historia, vivencias y mitos.

Tras esta interesante charla y la bendición, fuimos a un salón de actos en el que pudimos ver una película sobre la caza del bisonte, que es en torno a lo que gira todo el sitio. El nombre de este lugar no viene de la nada, sino que describe lo que ha ocurrido en él durante cientos de años: la caza del bisonte usando una elevación, como un precipicio en la pradera, por la que se lanzarían los bisontes. A ver si lo explico mejor contando un poco lo que vimos en la película y lo que luego nos explicó nuestro guía cuando salimos al exterior al lugar concreto.

Alrededor del otoño, cuando los bisontes estaban engordando para sobrevivir al invierno, varios clanes se ponían de acuerdo para organizar una caza comunal de bisonte. La preparación era muy meticulosa y exigía muchas personas y una serie de pasos para asegurar el éxito. Por un lado estaba la observación misma de las manadas de bisontes para determinar cuándo o cuál era la objetivo. Por otro había que preparar el terreno, para ello se recogían ramas y piedras y se montaba una especie de corredor usando las piedras y las ramas puestas como si fuera arbolitos para delimitarlo, esto parece que se aprovechaba de un instinto de los bisontes que lo perciben como una especie de barrera invisible. Además había varias personas que tenían papeles especiales que desempeñar. Estaba el corredor, que tenía que simular ser una cría perdida de bisonte y guiarlos al corredor poco a poco para luego correr delante de la manada en dirección al borde. Además había otros que usando pieles de lobos en cierto momento corrían detrás de ellos para disparar su instinto de huída. A los lados del corredor, entre los falsos arbolillos, otras personas se disponían agitando pieles de bisonte para mantenerlos aún más en el corredor y para ayudar al corredor en el momento que éste pudiera escabullirse por un lateral para no ser arrollado por la manada. Si todo salía bien, los bisontes se precipitaban al vacío hasta el fondo del precipicio en el que morían o eran rematados por otros cazadores con lanzas o hachas. Esto era muy importante, así como evitar que algún bisonte escapara y pudiera contar el secreto de su caza a otros bisontes.

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El salto. Era el doble de profundo cuando se utilizaba para cazar pero siglos de sedimentos han ido acumulándose a sus pies

Una vez terminada la caza, todo el mundo participaba en el procesamiento de la carne, las pieles, huesos, etc. Al parecer aprovechaban absolutamente todas las partes del animal para diferentes usos. En una cacería podían morir entre 60 y 200 bisontes. Menos no se consideraba que mereciera el esfuerzo, además del hecho de que era necesario ponerse de acuerdo con otros clanes para llevarla acabo. Al parecer se podían dar una vez al año pero según los restos que han encontrado había períodos de varios años en los que no había ninguna en ese salto en concreto. Por supuesto, éste no es el único lugar en el que se daba este tipo de cacería y se han identificado otros en toda Norte América.

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Un arquito, como no podía ser de otro modo

Todo el vídeo y las explicaciones posteriores son muy interesantes y, una vez que sales al exterior, toda esa información e imágenes se materializan evocando perfectamente las imágenes presentadas. Lo más llamativo es además el contraste entre el silencio que reina en el precipicio hoy en día y el estruendo que debía inundar la pradera durante esta forma de caza.

Para terminar bajamos a una zona que hay dispuesta cerca de la base del precipicio, allí nos enseñaron réplicas de algunas armas y herramientas que usaban y recreamos nuestra propia caza en miniatura, a una servidora le tocó hacer de bisonte :D

Al final, entramos en un tipi que había en esta zona y el anciano volvió a para contarnos algunas historias más, responder algunas dudas que tuviéramos y despedirnos con un deseo de volver a encontrarnos.

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Recomendaría encarecidamente visitar este lugar y, si es posible, partipar en una actividad como ésta. Por supuesto, hay un museo con exhibiciones que explican el porceso y la forma de vida de estos pueblos de la pradera para completar o, si no se puede participar en la actividad, suplir la información recibida durante la misma.

Durante esta actividad me resultó inevitable preguntarme sobre cuánto de lo que nos ofrecían era espectáculo para turistas. Para mí partcipar en actividades de este tipo o visitar estos lugares es una decisión basada en mi deseo de aprender sobre más personas, sus culturas y su forma de entender el mundo. El show me hace sentir incómoda, como si estuviéramos vanalizando algo importante para unas personas que han sido forzadas a adaptarse a un mundo que les barrió sin consideración y les siguiera explotando para atraer turistas. Me gustó que todo estuviera llevado por ellos mismos. En fin, es un tema muy complejo del que no puedo pretender decir mucho en unas cuantas líneas pero me encantaría leer más sobre ello escrito por ellos mismos.

[Comentario de Pablo: a mí me pareció que los propios Blackfoot involucrados en la actividad se lo tomaban muy en serio ya que sienten que tienen una gran responsabilidad para transmitir en condiciones aspectos relevantes de su cultura. Algunos momentos pudieron ser algo trivializadores o más lúdicos pero en ningún caso alienantes para ellos. Me gustó mucho que pidieran feedback público al final a cada uno de nosotros mientras aún estábamos en el tipi]

Salimos de Head-Smashed-In Buffalo Jump a media tarde en dirección a Waterton, una pequeña población al sur de Canadá y en la frontera con Montana (USA). De hecho están tan cerca que comparten un grupo de lagos y la gestión del parque nacional: Waterton-Glacier International Peace Park.

El pueblo de Waterton no es nada del otro mundo, es muy pequeño y la mayoría de él está ocupado por hotelitos, restaurantes y demás establecimientos para turistas. No es feo, pero no tiene nada de interés en él. El atractivo de esta zona es el parque natural, con sus lagos, montañas y bosques.

Lamentablemente, en 2017 Waterton sufrió un incendio que arrasó 36000 hectáreas de bosque en las montañas en el lado canadiense y es imposible no ver las profundas cicatrices que hay en todas las montañas en el lado derecho según se llega al pueblo. Aún así, el paisaje es fantástico en la mayor parte del parque y, aunque la parte quemada no tiene la belleza que podría, es una visión verdaderamente interesante, como ahora explicaré un poco más.

El plan del día siguiente era hacer una ruta que parte desde un pequeño muelle en la orilla este del lago Upper Waterton hasta el escondido lago Crypt. Según National Geographic es una de las 20 rutas más inolvidables del mundo. Para mi desgracia, esa mañana fue la elegida para que mi regla decidiera hacerme la visita mensual, así que empecé a plantearme la conveniencia de ir o no ir a una ruta en la que no hay opciones de volverse antes. Para llegar al embarcadero hay que coger un barco desde la marina de Waterton y los barcos de regreso son dos a las 16 y a las 17.30. Yo soy bastante afortunada y mis períodos son generalmente bastante benignos en lo que respecta a dolor o molestias, sin embargo, el primer día puede ser que esté bastante cansada y incómoda además de tener otros efectos secundarios que se benefician de poder acceder a un servicio. Total, que después de desayunar en un diminuto y encantador café, y llegar a la marina decidí que lo mejor era abortar el plan. Pablo insistió en quedarse conmigo y así despedimos a nuestros amigos y nos volvimos a la caravana :(

Como estaba algo incómoda decidimos aprovechar este tiempo para hacer la colada y sentarnos en una playa a esperar y disfrutar el agradable solecito, que agradecí especialmente tras un despertar gélido esa mañana.

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La vista del lago desde la playita
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De vuelta con la colada

Una vez terminada nuestra colada nos volvimos y, como me encontraba bastante bien, decidimos hacer una pequeña ruta que salía de un camino cercano al camping hasta unas cascadas (Bertha Falls) primero y un lago (Betha Lake) después. La idea era ir hasta la catarata y, en función de lo bien que me encontrara, seguir o volvernos. El camino era bastante asequible con algo de desnivel pero nada muy prolongado o escarpado. La primera sorpresa al llegar al camino fue un cartel avisando de la posibilidad de encontrar osos. Nuestros amigos se habían llevado el spray que habíamos comprado pero nos habían dicho que el año anterior en Yellowstone habían aprendido que es importante ir haciendo ruido (dando palmas o hablando alto) para avisar al oso de nuestra presencia ya que lo verdaderamente peligroso es pillarles desprevenidos. También está la escuela de los que llevan campanillas colgando de la mochila pero parece ser que los rangers de Yellowstone desaconsejan este método porque puede causar curiosidad al oso, algo poco deseable.

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Total que nos pusimos en camino a buen ritmo. El trayecto estaba bastante tranquilo pero cada cierto tiempo nos cruzábamos o alcanzábamos a algún otro grupo. Una gran parte de la senda discurre por bosque quemado y a pesar de la sensación de tristeza que a una le provoca contemplar todos esos troncos quemados, hay una innegable alegría al ver que el suelo está ya cubierto de un manto verde de arbustos, bayas, flores y nuevos árboles. A pesar de ello, hay zonas en las que los árboles se salvaron, como cerca de las cascadas en donde hay un bolsillo de verdor intenso que ayuda a imaginar mejor cómo debía ser la zona antes de 2017. En poco más de media hora llegamos a las cascadas y, tras descansar unos minutos y recuperar las fuerzas, decidimos continuar hacia el lago, siempre con la tranquilidad de poder dar la vuelta si empezaba a encontrarme mal. Cubierta la mitad del trayecto entre las cascadas y el lago empezamos a oir un sonido de baja frecuencia sostenido que se repitió tres o cuatro veces con distintas duraciones. Nos quedamos parados en medio del camino atentos a cualquier otro sonido. Estábamos en la zona más frondosa que habíamos recorrido hasta el momento y la visibilidad era escasa a nuestro alrededor. Yo, como no puede ser de otra forma, me puse en lo peor ¡es un oso!, mientras Pablo se empeñaba en que era un helicóptero.

Ya te digo que ni de broma ese sonido era de helicóptero. Probablemente tampoco era un oso pero helicóptero seguro que no. En fin, que decidimos esperar unos minutos a ver si aparecía una pareja que habíamos adelantado hacia poco y ver si así en grupo y más ruido se despejaban las dudas. Como no ocurrió nada y al poco vimos aparecer a los dos por un recodo, reanudamos la marcha y nuestras palmadas y voces de hey,bear! periódicas.

Un rato después llegamos al lago y aunque había unas cuantas personas aquí y allí fue muy fácil encontrar un rincón tranquilo en el que sentarnos a tomar nuestros sandwiches y disfrutar de las vistas.

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[Comentario de Pablo: el lago Bertha era una maravilla, con unas aguas cristalinas y unos tonos azules y verdes fantásticos. Todo alrededor del lago eran macizos y picos que se elevaban al menos mil metros por encima de nosotros. Destacaba al noroeste el pico Bertha, que seguramente da nombre al lago, pero el extremo sur del lago era una maravilla geológica con estratos para todos los gustos. Los sandwiches que llevábamos nos supieron a gloria. Mereció mucha la pena continuar desde las cataratas hasta el lago, sobre todo en esta época del año en donde había menos agua cayendo por la empinada ladera]

El camino de regreso fue bastante sencillo y, sin mucho aspaviento, decidimos fijarnos un poco en las plantas que veíamos a nuestro alrededor a ver si podíamos identificar algunas ayudados por una foto que teníamos de las lista de flores de la zona. Nuestro balance final es un poco confuso pero estamos seguros de que vimos muchas aster, varias harebell (con su forma de campanilla azul) y otra flor blanca que creemos que se llama Cow Parsnip. En lo que se refiere a la fauna vinos algunos patos negros en el lago que se sumergían durante mucho tiempo, abejas (muchas, ¡qué alegria!), ardillas, un topillo y unos pequeños pajarillos que revoloteban entre los árboles quemados y se acercaban a las flores, imaginamos que para comer.

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La vida se abre camino...
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Casi al final del camino de regreso empecé a sentirme bastante cansada y me alegré de haber tomado la decisión de quedarme en Waterton en lugar de hacer la ruta larga. Como llegamos con bastante tiempo, nos dimos una ducha en la autocaravana y nos fuimos a la marina para intentar coger un barco que salía a las cuatro y realizaba un crucero por el Upper Waterton. La verdad es que fue todo un acierto. El crucero contaba con un hombre que iba explicando un montón de cosas de la región desde varios puntos de vista. A las esperables explicaciones de este pico es tal o cual, se unieron muchísimos datos sobre la historia geológica de la zona, la formación de las montañas (que fueron suelo marino hace millones de años) y el lago, así como sobre los glaciares que aún quedan en el lado estadounidense del parque. Además nos habló de la frontera, apreciable por una serie de hitos de cemento y por el hecho de que todos los árboles de una franja los talan períodicamente para mantener la línea imaginaria visible.

[Comentario de Pablo: simplemente añadir que el hombre del micrófono no ahorraba en detalles ni información, digamos, técnica, sobre todos los aspectos, especialmente el geológico peor también sobre las particularidades de la ecología de la zona, y al tiempo demotró ser muy pedagógico, haciendo el crucero por el lago uno de los mejores que recuerdo]

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Durante el trayecto el guía nos estuvo hablando del incendio de 2017, el primero desde 1935. El incendio se produjo por un rayo y se extendió por el parque debido a la sequedad de la vegetación. Él reconoció que, a pesar de lo que pareciera a veces, los incendios, especialmente los naturales, son beneficiosos ya que limpian el bosque e incluso provocan que algunos de los árboles que se queman liberen unas semillas que han evolucionado para ser liberadas sólo en casos de calor muy intenso (un incendio). Por supuesto esto no tiene nada que ver con lo que está pasando en el Amazonas ahora mismo (genocidio de los pueblos indígenas y codicia capitalista), en el Ártico o en gran parte del sur de Europa. En cualquier caso, el guía alabó la labor de los bomberos y el gran esfuerzo que realizaron, comentó la importancia de los sistemas de defensa contra el fuego que hay por todo el pueblo de Waterton y que salvaron la población y a sus habitantes y también el trabajo de los bomberos de Calgary que se desplegaron en el entorno del hotel Prince of Wales, un edificio al estilo suizo que hay en un promontorio y que data de 1927, y que al parecer montaron un dispositivo impresionante para evitar que el edificio de madera ardiera.

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Al llegar al extremo sur del lago, ya en Montana, nos sorprendimos con un oso negro vangando por la playa en busca de las bayas que crecían en los arbustos que había por todas partes. Todos lo observamos con mucho entusiasmo a una distancia segura para el oso y nosotros mismos. ¡Hemos visto un oso! Así es como quiero verlos yo, a distancia segura y no en medio de un camino. Por lo visto Yami y Alex no tuvieron tanta suerte y aunque no llegaron a verlo, ellos sí que oyeron claramente los gruñidos de un oso que les avisaba de que se alejaran de él. Por lo que contaban fue un rato de lo más estresante, ya enlazaré por aquí el post que escriban ellos en su blog para que podáis leer el relato de primera mano.

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Sur del lago Upper Waterton, eso es Montana y por ahí andaba nuestro oso a sus cosas

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Las cosas que hacen la presión y mucho tiempo

De vuelta hacia Waterton y Canadá, siguieron más explicaciones sobre geología y sobre algunos datos curiosos de la biología de los osos negros. Por fin llegamos a la marina muy satisfechos con el contenido del crucero y la sorpresa del oso. A pesar de que era un tanto caro (52 dólares por cabeza), las dos horas se nos pasaron volando y quedamos encantados.

Tras reunirnos con nuestros compañeros y decidir hacer planes de cena por separado, fuimos a tomar una cervecilla y a cenar al restaurante mejor y más lento del pueblo, un italiano de comida rica pero servicio eterno.

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Hoy, pasadas nuestras dos noches en el novísimo camping de Waterton, nos hemos despertado a una mañana de temperatura agradable y cielo despejado. Pablo y yo hemos aprovechado para volver al pueblo a por un rico café del mismo sitio de ayer que yo he acompañado con un pie de fresa y ruibarbo casero de una pequeña tiendecita que habíamos identificado y Pablo, por su parte, con un perrito caliente de un establecimiento que por lo visto los hacía muy bien. ¡Desde luego tenía muy buena pinta!

Ahora estamos de camino a Banff por las carreteras que discurren por praderas inmensas y montañas en la distancia.
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Carteles extraños en restaurantes de carretera