Storm King's Thunder Parte I (Los relatos del bardo Ybd-el-Tarim)

Serie de relatos sobre las aventuras del paladín Kadash (dragonborn), bardo Caeldrim (elfo), exploradora Myev (semiorca), hechicera Nana (gnoma) y el pícaro Lint (humano) en la campaña de DnD5e Storm King's Thunder.

Los relatos del bardo Ybd-el-Tarim

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Ybd-el-Tarim

En algún punto del camino entre Waterdeep y Daggerford los viajeros saben que existe un desvío hasta Nightstone, un asentamiento a unas pocas jornadas a pie que goza de cierto renombre entre los más pudientes de la región por sus excelentes oportunidades de caza. Muchos menos saben que en el cercano bosque de Ardeep la comunidad elfa que lo lleva habitando siglos no encontró este pasatiempo en modo alguno sugerente. Tanto las más esquivas escaramuzas como alguna batalla digna de tal nombre se han sucedido en el pasado pero hace ya unos años que la zona goza de una cierta tranquilidad que aspira a una paz más duradera que un capricho diplomático de ambas partes contendientes.

Nuestro grupo, formado por el apuesto dragonborn paladín Kadash, el talentoso elfo bardo Caeldrim, la efectiva semiorca exploradora Myev, la intrépida gnoma hechicera Nana y el habilidoso humano pícaro Lint, tomó ese mismo desvío. Hoy nos puede sorprender que tales leyendas juntas optaran por presentarse en Nightstone pero hemos de recordar que estoy remontándome a quizá una de sus primeras hazañas, cuando apenas habían comenzado a descubrir su poder tanto individualmente como en conjunto. Aún quedaría mucho tiempo hasta que se enfrentaran uniendo sus fuerzas contra Aquel que Ya No Nombramos para expulsarlo durante un milenio a alguno de los planos infernales donde aún aguarda paciente para volver.

No, estamos hablando de un tiempo en el que podrían ser personas como vosotros y vosotras, quizá con más hambre de mundo y aventuras y menos ganas de estar escuchándome a mí hablar de otras leyendas del pasado pero entonces ¿quién me pagaría otra de estas magníficas jarras de hidromiel? Disfrutemos pues al calor de la lumbre y bajo un sólido techo de lo que unos héreos y heroinas hicieron por nosotros tiempo ha sabiendo que mañana por la mañana nos despertaremos sin el peso de la Historia sobre nuestros hombros.

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Como os decía, nuestro grupo tomó el camino a Nightstone con la intención de satisfacer algún trato comercial o atender la llamada de algún conocido. Cuando hubieron transcurrido tres días con sus tres noches llegaron al pueblo por el camino del oeste pero en lugar de recibirles la guardia como es habitual en estos asentamientos con empalizada, fue el alocado repiqueteo de la campana del templo lo que les dio una inquietante bienvenida. Alertados por la ausencia de gentes y lo que parecía una llamada de auxilio cruzaron el puente del oeste y atravesaron las puertas de la ciudad descubriendo entonces la gran plaza central jalonada por piedras del tamaño de una rueda de molino. No solo la plaza estaba salpicada de estos enormes pedruscos, también parecían haber atravesado muchos de los tejados de las casas y construcciones aledañas. Ahora sabemos que habían sido los terribles gigantes en su torre voladora los que habían lanzado estas moles contra el pueblo pero entonces fue el primer contacto con su maldad destructura y no comprendían bien qué había sucedido en realidad.

Así como una gran cantidad de piedras formaba parte ahora del pueblo, la enorme roca negra que había sido encontrada hace siglos y alrededor de la cual se había levantado Nighstone honrando con su nombre tal extraño artefacto estaba ausente, dejando una considerable hoquedad en un punto de la plaza. La Piedra Negra había desaparecido.

Con la máxima cautela y sigilo, Caeldrim propuso avanzar unos metros hasta la fachada de una gran posada hacia el norte de la plaza. Kadash, que protegía la retaguardia, y Lint lo siguieron de inmediato con sus armas prestas para cualquier sorpresa. Nana y la que entonces aún era su guardaespaldas, Myev, optaron por quedarse a la entrada de la plaza y examinar los alrededores con la mirada atenta a cualquier movimiento. Veo algunas caras de sorpresa cuando menciono a Myev como guardaespaldas de Nana y creedme que yo también tenía muchas preguntas cuando escuché esta historia por primera vez pero ahora he de continuar o cantará el gallo y seguiremos en la plaza con nuestro grupo.

Cuando Caeldrim, Kadash y Lint alcanzaron la posada, algo llamó la atención de uno de ellos y al asomarse al lateral del edificio descubrieron a dos worgs enormes dándose un festín a costa de alguna pobre criatura. Sus gigantescas fauces apenas dejaban de empaparse de sangre mientras subían y bajaban arrancando y masticando la carne de su víctima. Sin haber sido descubiertos, el paladín, el bardo y el pícaro se prepararon para el ataque. A una señal, los tres se abalanzaron sobre los worgs con toda su furia y la habilidad, sin temor a ser devorados por estas malignas bestias. Kadash describió un arco perfecto con su espada y acertó de lleno en las patas traseras de uno de los worgs mientras Lint y Caeldrim le siguieron con sendas estocadas a ambos worgs que dejaron a uno muy malherido. Sin embargo, aquél a quien había atacado Caeldrim, siguiendo a Kadash, se revolvió y se abalanzó sobre éste cerrando su terrible boca y apresando el hombro derecho del elfo que a duras penas pudo zafarse y quedar tendido boca arriba. En ese momento llegaron corriendo Nana y Myev alertadas por los rugidos y los gritos que aun a esta distancia la alocada campana casi podía disimular. De la ballesta de mano de Nana salió disparado un certero virote que atravesó uno de los ojos del worg cuando éste se disponía a clavar sus dientes en el cuello Caeldrim matándolo en el acto.

Ahora ya sabían que en Nightstone no estaban solos y que el peligro podía acechar en cada esquina. Caeldrim se incorporó trabajosamente y aunque agradeció el ofrecimiento de las manos curativas del paladín, optó por obtener de su propio ser el poder regenerador y recuperarse rápidamente mientras recitaba antiguos y poderosos versos que solo algunos de los bardos más viajados y leídos conocemos.

Optaron por no perder más tiempo y se dirigieron a paso ligero hacia el templo desde el que la campana parecía llamar desesperada a algún alma valerosa para que acudiera al rescate. Estando el edificio en el extremo este de la plaza no tardaron mucho en llegar. Cuando entraron no pudieron evitar maravillarse por las fabulosas vidrieras de colores que proyectaban desde lo alto todo tipo de juegos de luces sobre las bancadas orientadas al altar en honor de Lathander y Mielikki. He mencionado las bancadas porque Nana se dio rápidamente cuenta de que algunas parecían estar ligeramente desplazadas y fuera de su sitio. Lint no esperó más y cruzó a toda velocidad la nave del templo hasta llegar a una puerta entreabierta al lado del altar. Cuando se asomó vio cómo dos goblins estaban tratando de agarrarse por turnos a una soga que muy arriba estaba unida al badajo de la campana del templo. El desperado grito de auxilio de un pueblo se transformó súbitamente en una mezquina cacofonía. Cuando Lint dio tres pasos en el interior de la sala, Caeldrim ya había entrado y entre ambos dieron buena cuenta de los goblins que se vieron completamente sorprendidos por su propia incapacidad de escuchar nada más que la campana y sus aullidos. El resto del grupo se sumó unos instantes después y tras una pequeña inspección consiguieron recuperar varios objetos de valor del pueblo fruto del pillaje de los goblins.

El siguiente paso fue encaminarse a la fortaleza que se levanta al sur. Esta fortaleza había sido construida hacía mucho tiempo y podría ser un refugio adecuado para los habitantes del pueblo en tiempos de necesidad, algo de lo no parecían andar escasos en estos momentos. A la fortaleza se accedía a través de un puente levadizo que salvaba al río que hacía de Nightstone y su fortaleza dos islas en medio de la región de bosques y colinas. En su camino desde el templo acordaron recorrer la distancia que los separaba en absoluto silencio, ya sin la campana repicando, dando un gran rodeo por el interior de la empalizada al este y al sur. En ese camino no pudieron evitar acercarse al cementario de Nightstone pero Kadash tranquilizó a todo el grupo con un ligero movimiento de su cabeza negando la existencia de no-muertos en las cercarnías.

Una de las torres de vigilancia adosadas a la empalizada llamó la atención de Lint que mantenía sus sentidos completamente alerta, ahora quizá más al poder escuchar con más atención. Efectivamente, un ruido parecía proceder del interior de la torre. Todos se encaminaron con extremo cuidado vigilando los flancos y la retaguardia y cuando entraron en el piso inferior de la torre descubrieron a una goblin pegada contra la pared opuesta, acurrucada y protegiendo unos saquillos y objetos varios de dudosa procedencia. Profirió un chillido propio de las criaturas asustadas que aún se ven capaces de amenazar por pura desesperación y Myev intervino antes de que nadie dejara un nuevo cadaver sin haber podido obtener alguna pista de lo que había descargado las enormes piedras sobre todo el pueblo y hecho desaparecer a la gente. La enorme semiorca se adelantó y conminó con fiereza a la goblin a que hablara y dijera todo lo que supiera sobre los acontecimientos recientes. La goblin, casi más preocupada por no perder su birrioso tesoro que su vida se resistió al principio pero la insistencia de Myev subió un grado y viéndose acorralada confesó haber venido con otros muchos goblins cuando se enteraron de que el pueblo había quedado desierto para coger “lo que otros habían dejado abandonado”. Entre gemidos lastimeros y frases incongruentes el grupo supo de la existencia de algunos supervivientes en la fortaleza, precisamente a donde se encaminaban y en el propio poblado goblin al norte.

Sin perder tiempo, decidieron no acabar con la miserable vida de ese ser y en su lugar atar y amordazar a la goblin para llevarla consigo con la esperanza de que pudiera serles útil más adelante. Así, con ella, alcanzaron finalmente la parte norte del puente levadizo que unía ambas masas de terreno, el pueblo y la fortaleza.

Cuando llegaron vieron que el puente levadizo mostraba también heridas a causa de las piedras que ahora sembraban aquí y allá el pueblo. Una de ellas había caído con fuerza en el medio del puente hundiéndose más abajo en el río que hacía las veces de foso. Aún así, buena parte de la pasarela del puente se mantenía en buenas condiciones pero se encontraba a medio elevar, presentando una distancia de unos seis metros hacia arriba.

No había visibilidad alguna sobre el otro lado de la pasarela, oculto en parte por la propia pasarela a medio elevar, y nadie respondía a las voces del grupo. La tarde empezaba a avanzar con rapidez y había poco tiempo que perder. Nana propuso entonces al grupo que entre dos la impulsaran para salvar la distancia fácilmente y atar un cabo al otro lado facilitando así la entrada. Kadash y Myev accedieron rápidamente. Ataron un cabo a la cintura de la pequeña y ligera gnoma y se dispusieron a proyectarla hacia el otro lado del puente levadizo.

¡A la una, a las dos y las tres! El paladín y la exploradora tensaron sus músculos al unísono a la señal y lanzaron con fuerza a Nana que hecha una bola describió un arco hacía arriba que alcanzó gran altura sin problema. En el segundo que duró el vuelo, algo salió mal. La gnoma calculó erróneamente el momento de extender los brazos y las piernas y en lugar de sortear el extremo de la pasarela, sus dos pies se trabaron con ella y actuaron como sendas palancas que proyectaron con la fuerza heredada del impulso del paladín y la exploradora todo el cuerpo y la cara, ahora desprotegida, de Nana contra los recios tablones del puente. Fue un doble golpe sordo. ¡TA-PRAK! El resto del grupo ahogó un grito mientras escuchaban cómo la gnoma se deslizaba rodando como un fardo hasta la base de la pasarela y se quedaba inmóvil sin emitir sonido alguno. Lint la llamó, Caeldrim tiró del cabo, Myev y Kadash se miraban atónitos y gritaban el nombre de la gnoma. Silencio mortal. Hasta la goblin dejó de pensar en su codiciado tesoro por un momento y miró desconcertada al grupo.

Cuando Kadash pudo salir del asombro, no se lo pensó dos veces, tomó carrerilla y el enorme dragonborn surcó el aire en un gigantesco salto tras el que aterrizó limpiamente al otro lado de la pasarela para inmediatemente ir a socorrer a Nana, que yacía inconsciente y muy malherida. Entonces el paladín impuso sus manos sobre la hechicera y suplicando a Bahamut que le ayudara a sanarla, canalizó un torrente de energía curativa sobre la gnoma que la trajo de vuelta del lugar a donde acuden los moribundos cuando el destino parece haber decidido que su hora ha llegado. Tal fue la determinación y piedad de Kadash en aquella hora tan aciaga que se dice que el propio Bahamut se manifestó a través de una de sus innumerables escamas plateadas que rozó imperceptiblemente las manos del paladín en medio de sus plegarias dotándolas de un súbito poder regenerador.

Sea como fuere, Nana despertó a los pocos instantes apenas magullada y con una energía inusitada. Aún conmocionada se levantó y se sostuvo por sí misma mientras Kadash asistía al resto a cruzar el puente con una cuerda firmemente atada a un saliente metálico de la pasarela. El resto del grupo se interesó por la pequeña hechicera pero parecía encontrarse fuera de peligro y pronto se encontraron atravesando el portón de acceso al interior de la fortaleza. Delante de ellos se alzaba la construcción principal de planta cuadrada y cuatro torres en cada vértice. La torre noroeste, a su derecha, se veía claramente dañada por el impacto de varias de las extrañas piedras y decidieron escalarla ayudándose de su estado parcialmente ruinoso para acceder al anterior. Nana decidió quedarse en la base de la torre custodiando a la goblin y vigilando la misma entrada por la que el resto del grupo se había introducido a la fortaleza. Kadash, Caeldrim, Lint y Myev consiguieron acceder a una habitación de la torre a una altura desde la que pudieron ver abajo y en la sala principal a dos hombres y dos mujeres soldados alrededor de una mesa alargada. En esta mesa, a modo de altar improvisado, había una quinta figura, de una mujer, que parecía muerta. Sus vestimentas parcialmente ensangrentadas y mayor cantidad de la misma sangre bajo una gran piedra a escasos metros de la escena resolvió el misterio para nuestros héroes.

Fue Kadash el primero en dirigirse al grupo. Con ademán marcial y respetuoso presentó al grupo y solicitó información sobre los sucesos recientes. Una soldado se animó a entablar conversación en nombre de sus compañeros y habló de una torre voladora que había aparecido de improviso durante las horas más oscuras de la pasada noche. Desde lo alto en el cielo, procedente de la torre, había surgido una lluvia de enormes piedras que habían asolado el pueblo de Nightstone. En la confusión y el terror del ataque nocturno habían descendido dos gigantes de la misma torre y se habían dirigido directamente a la enorme piedra negra que daba nombre el pueblo para arrancarla de su lugar y cargarla entre ambos de nuevo hasta la torre, que desapareció en la noche. La soldado entonces dirigió su mirada a la mujer tendida en la mesa y con gesto compungido lamentó que Lady Nandar no sobreviviera al ataque. Kadash intuyó que se encontraba ante soldados de poca experiencia, desorientados y apegados a su Señora por lo que tuvo palabras amables e inspiradoras mientras sugería que tomaran un papel más activo en la protección del pueblo y en la búsqueda de supervivientes.

Mientras se desarrollaba esta conversación, Nana miraba con recelo a la goblin abajo en la base de torre semiderruida pero finalmente optó por atarla a unas enormes piedras y subir a unirse al resto del grupo. El humano y el elfo, por su parte, decidieron explorar el resto de la fortaleza y encontraron a una mujer tiefling y a su hijo acurrucados y abrazados junto a la cama en uno de los dormitorios. Escucharon su historia de terror acerca de la noche anterior y su huida buscando refugio en la fortaleza poco antes de que el puente levadizo quedara inservible para el resto del pueblo. Lint y Caeldrim les animaron a que salieran de su escondite y les acompañaran hasta donde estaban el resto y, aunque con ciertas dudas, accedieron a hacerlo al menos durante la cena.

Cuando la cena estuvo resuelta nuestro grupo propuso una ronda de guardias que inició Lint. El pícaro creyó ver, ayudado por las últimas luces del crepúsculo, movimiento de goblins en el pueblo seguramente retomando o continuando el saqueo de los objetos más valiosos a ojos de estas criaturas inmundas. Cuando su guardia concluyó transmitió esta información a Myev y ésta a Caeldrim pero ninguno de los dos pudo discernir mucho más en sus guardias que transcurrieron sin sobresaltos.

A la mañana siguiente el paladín propuso a los soldados que los acompañaran para adentrase de nuevo en el pueblo en la búsqueda de supervivientes. Los soldados ponían en duda esta posibilidad argumentando que muy seguramente la mayoría de ellos hubiera huido hacia unas cuevas en el norte pero finalmente aceptaron seguir al grupo durante ese día. Apenas se oía nada en el pueblo cuando cruzaron el puente levadizo en sentido inverso. En ese momento nuestro grupo decidió no sin cierta tensión liberar a la goblin ya que no veían más utilidad en arrastrarla con ellos allá donde fueran. Se podría decir que sintieron lástima por una criatura así, sí lástima, pero yo os digo que fue una lástima que no la mataran cuando pudieron hacerlo.

En todo caso, nuestro grupo y los cuatro soldados se adentraron de nuevo en las calles del pueblo sorteando las piedras caídas y restos de las casas y otras construcciones que habían quedado dañadas. En algunas de las casas encontraron personas aplastadas por las piedras y con la ayuda de varios movieron las piedras para recuperar al cadáver y poder darle sepultura o el final que esa persona hubiera querido. Los soldados parecían algo más animados pero una sombra cruzaba sus ojos de vez en cuando y se volvían taciturnos. Al fin y al cabo era su pueblo el que veían completamente desierto y parcialmente destruido y suya también la impotencia de no haber podido hacer nada para evitarlo.

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Kella Darkhope

Transcurrió así la mañana hasta que nuestro héroes volvieron a la posada del día anterior. En esta ocasión entraron en ella y descubrieron un enorme agujero en el techo por el que una piedra y una cama había caído al piso inferior. Cuando Lint y Caeldrim subieron a la planta superior a explorar las diferentes habitaciones dieron con un armario en donde se hallaba escondida una mujer, que se presentó como Kella. Kella era una Zhentarim y formaba parte de una comitiva de esta hermandad que tanta controversia levanta incluso aquí en esta ilustre villa pero eso solo lo descubrirían más tarde. Decidieron conducirla abajo con el resto y la semiorca pronto receló de ella cuando descubrió que escondía una pequeña maza bajos sus ropajes de monje así como una serpiente alada enroscada en su brazo izquierdo. Kella juraba haberse escondido en el armario durante el ataque y haberse quedado ahí las horas posteriores por temor a mayores peligros. Mientras trataban de averiguar más sobre Kella la propia Myev creyó escuchar ruidos que procedían del exterior de la posada, como proveniente de la plaza. Se alejó del grupo un momento para asomarse por unas de las ventanas y distinguió a un grupo de una media docena de personas con aspecto de bandidos, uno de los cuales miró hacia la ventana de la habitación donde habían encontrado a Kella.

Sin perder tiempo, Myev se volvió al grupo y les indicó que unos bandidos se aproximaban a la posada así que debían subir todos inmediatamente al piso de arriba para obtener una ventaja táctica. Los soldados no parecían reconocerlos así que Myev decidió que ellos también subieran al piso de arriba. Al llegar a la habitación donde Kella tenía su escondite oyeron una voz en el exterior de una de las personas de la comitiva que les invitaba a charlar en un tono muy desenfadado. Se trataba de un semielfo de piel oscura y pelo corto, muy seguro de sí mismo, que afirmaba conocer a su amada Kella, la cual reaccionó mirando a otro lado con una mezcla de exasperación y asco. La propia Kella no escondió que conocía al grupo y que éste no representaba ningún peligro.

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Xolkin Alassandar

Kadash decidió tomar la iniciativa y bajó las escaleras para encontrarse con el grupo en la puerta de entrada. Todos lo siguieron salvo Lint que prefirió cubrirlos con su arco a medio abrir desde la ventana junto con Kella y los soldados de la fortaleza. Cuando Kadash se dirigió al semielfo, que se presentó como Xolkin Alassandar, recibió a cambio todo tipo de elogios sobre su especie y condición paladinesca. Kadash, un poco turbado por la explosión de halagos, inquirió al grupo sobre su presencia en el pueblo en tan extrañas circunstancias. Xolkin, un Zhentarim como Kella, no pareció encontrar en los recientes sucesos motivos para la preocupación, en todo caso para nuevas oportunidades que no llegó a desarrollar en detalle. El paladín empezó a impacientarse y a respirar de forma más intensa, moviendo la lengua entre sus dientes de forma ciertamente perturbadora para todo aquél que haya tenido el infortunio de haber sufrido al aliento de fuego de un dragonborn. Sin embargo, mantuvo la compostura y continuó con la conversación mientras Xolkin se adornaba más y más con los halagos al grupo y las oportunidades que para todos se presentarían cuando los habitantes retornaran a Nightstone. Fue la insistencia sobre las nuevas oportunidades lo que le sirvió a Lint, el pícaro, para señalarlos privadamente como Zhentarim, algo que compartiría más tarde con sus compañeros.

Enfrascado en sus pensamientos estaba Lint cuando Nana pidió a los Zhentarim algo de tiempo para debatir internamente la situación mientras dejaba que Kella saliera al encuentro de sus compañeros. Nana parecía impaciente por compartir con el resto que acaba de escuchar un sonido distante muy fuerte, como de un batir de grandes alas. Temiendo lo peor, quizá la vuelta de la torre voladora, se atrincheraron dentro de la posada a esperar acontecimientos. Estos llegaron en forma de grave risotada jovial y divertida seguida de un estruendo de un gran cuerpo estrellándose contra el tejado de un edificio cercano. La plaza se llenó de gritos de los Zhentarim. Desde la vantana, Myev pudo ver cómo un enorme dragón de bronce se revolvía entre la plaza, aplastando uno a uno a los Zhentarim o lanzándolos por los aires y estampándolos contra los edificos. Su actitud parecía extrañamente traviesa, como si de un cachorro se tratara aunque por el tamaño nadie hubiera dudado de que se trataba de un dragón adulto. Kadash decidió salir a su encuentro empleando la lengua de los dragones mientras el resto buscaba con desespero zonas seguras en la posada o, como en el caso de Myev, apuntaba con su arco largo al dragón.

Se ha dicho en muchas ocasiones entre mi gremio que fue ese momento, cuando un dragón de bronce acababa con todo un grupo de Zhentarim y parecía estar completamente fuera de sí, que Caeldrim el bardo vio en Kadash y su arrojo saliendo al encuentro del dragón una hebra del tapiz de todas las historias y empezó a formarse en sus labios y en sus dedos el primero de los muchos versos que más tarde compondría y que hoy en día se aglutinan en Las Obras Poéticas de Caeldrim el Bardo por los eruditos. Sin embargo, yo soy de la opinión que no fue hasta un tiempo más tarde, pero esperaré a llegar a ese punto de mi relato esta noche para desvelaros mi elección.

En todo caso, es cierto que Kadash se presentó ante el dragón como un hermano y éste así lo trató aunque pronto volvió a la carga contra el resto de Zhentarim. Kella había desaparecido a pesar de los intentos de Caeldrim de conminarla a quedarse pero Xolkin aún estaba peligrosamente cerca del dragón y decidió al final ser atrapado por el bardo. Kadash trataba de calmar al dragón para evitar más muertes innecesarias apelando a la justicia pero el dragón no parecía tener ninguna intención de aceptar otro juicio que no fueran sus garras y sus zarpas. Finalmente, cuando el dragón consideró que ya estaba satisfecho se transmutó en medio de una nube de polvo y cuando ésta se disipó a los pocos instantes, en su lugar Kadash vio aparecer a un halfling, de semblante igual de divertido y satisfecho que el dragón broncíneo que se escondía en su interior que se presentó como Felgolos. Hablamos del mismísimo Felgolos, el dragón de bronce, que ya ha protagonizado algunas de las historias en esta misma taberna.

El resto del grupo y los soldados, al dejar de oír estruendos en el exterior, se animaron finalmente a salir y a encontrarse con el halfling-dragón que reconoció que llevaba tiempo persiguiendo a los Zhentarim para vengarse de los robos que había sufrido él mismo y su hermano. Se detuvo a comentar lo extraño de tantas y tan grandes rocas en el pueblo y cuando Kadash le relató lo que había sucedido, creyó ver una conexión entre ello y los rumores de una reciente perturbación entre los gigantes aventurando que quizá el gigante Harshnag, un amigo suyo, podría arrojar algo de luz sobre el conflicto.

En ese momento Felgolos quiso acabar con Xolkin pero Kadash se opuso firmemente. En su fuero intento lo hizo por justicia pero ante el dragón alegó motivos más pragmáticos, como obtener más información. Felgolos aceptó retenerlo y no matarlo pero sólo hasta su vuelta, lo que de momento satisfizo al paladín.

Éste fue el momento en el que Lint, Caeldrim, Nana, Kadash y Myev se subieron a lomos de unas monturas, dejaron atrás a los soldados de la fortaleza y se encaminaron a las cuevas del norte a buscar a los supervivientes de Nightstone y obtener más información sobre lo acontecido. Ahora necesitaré otra de esas jarras de hidromiel para refrescarme la garganta antes de continuar, lo cual haré con sumo agrado ya que hacía tiempo que no me encontraba ante una audiencia tan ilustre y atenta.