La Marca del Este - Ladrones de Cadáveres - Crónica

Hace algún tiempo que jugamos una versión algo retocada de la aventura Ladrones de Cadáveres de JMPR para Aventuras en la Marca del Este.

A continuación la crónica de esa aventura en el mismo estilo de diario de personaje que ya usé para la anterior.
____________________________________________________________________________

Tras un viaje de vuelta más accidentado de lo que hubiésemos deseado, merced a unos
encuentros que han deparado unas sorpresas más que interesantes, me encuentro de nuevo en mis habitaciones dentro de nuestra casa en Robleda. He cumplido con mis obligaciones y me preparo para viajar nuevamente con Saddin Konnin, Galian y Lakus hacia el sur.

[…]

Día 1

A diez días del solsticio de verano hemos iniciado nuestro camino al Asylum, ocupado desde hace poco por la Orden del Dragón. Como ya he mencionado anteriormente, no he viajado mucho por estas regiones y el camino, que discurre junto al río Arroyosauce, está bien transitado dada la variedad del comercio entre los pueblos del sur y Robleda. Las historias que circulan sobre la destrucción del Asylum son muy perturbadoras. Una catástrofe de algún tipo asoló el lugar acabando con la mayor parte de sus residentes, según dicen, enfermos de categoría indeterminada. Como resultado de la catástrofe, el Asylum ha estado rodeado de un aura de misterio y ominosidad que lo habían mantenido deshabitado hasta la aparición de la Orden del Dragón.

Día 2

Al llegar al Asylum nos ha sorprendido un edificio grande en pleno proceso de reparación, cerca de él se ha establecido un asentamiento que sirve las necesidades de la Orden del Dragón, dependiente de la Orden de Velex, durante la reconstrucción del Asylum.

El joven Hermano Carolus nos ha recibido al llegar. Me pregunto qué impulsa a estos jóvenes a ingresar en estas órdenes y ha recluirse en lugares tan apartados de las diversiones y placeres que ofrecen otros como Marvalar o Robleda, tal vez se lo pregunte a Konnin algún día, aunque por ahora no parezca que él viva muy recluido.

De mayor interés es el prior, Paulus. La sorpresa y fría cortesía con la que nos ha recibido no han eclipsado su hospitalidad. Paulus es un hombre de edad pero fuerte y, a pesar de la túnica roja que viste, su apariencia es imponente. Estoy segura de que debió ser digno de ver en su juventud… Sin embargo, la buena disposición de Paulus ha sido, sin duda, ensombrecida por la ligereza con la que Konnin adquiere compromisos en nombre de su orden. Muy interesante este dato de nuestro compañero. Aún así, Paulus ha cumplido la palabra dada por el paladín y, tanto Galian como yo, hemos recibido nuestros honorarios sin ningún contratiempo. Del elfo no sé qué decir, obviamente tiene su propia agenda.

Con nuestros compromisos finalizados no veo razón para demorarnos en este lugar, tal vez me quede por aquí un par de días para conocer mejor la zona o puede que me vaya mañana, dependerá de […]

Día 3

No puede ser que nos sigan los problemas allí donde vayamos. Nuestra llegada se ha producido en un momento de lo más inoportuno y nuestra ayuda podría ser bien recibida y apreciada. Y qué decir tiene que no es para desdeñar estar a bien con los seguidores del belicoso Velex, además de apr […]

Lord Albritch, el más influyente benefactor local de la Orden perdió a su hijo hace algunas semanas. En su dolor, pidió a la Orden que resucitara a éste; ante su negativa, el hombre decidió ofrecer una recompensa al que lo trajera de vuelta. ¿Cuándo aprenderá la gente a dejar muertos a los muertos? Jugar con la muerte suele complicarlo todo, como ya pudimos comprobar en el Monasterio de Maredom. ¡Ay! Ojalá me equivoque, pero preveo que esto nos va a llevar de nuevo a encontrarnos con criaturas no-muertas.

Nuestras investigaciones iniciales han revelado que, además del cuerpo del joven Albritch, también han desaparecido del cementerio los cuerpos de otros tres hombres fallecidos recientemente. Iremos al cementerio para inspeccionar las tumbas de los cuatro hombres con la esperanza de hallar alguna otra pista.

Día 3, cont.

¡Estoy exhausta! No he dormido en toda la noche, tengo el frío y la humedad metidos hasta los huesos y me da la sensación de que tardaré un mes en secar estas botas. Maldita sea, maldita sea.

Afortunadamente, el cementerio demostró ser un sitio más interesante de lo que esperábamos. No fue difícil descubrir restos de trasgos junto a una de las tumbas y, lo que me parece más sorprendente, nadie lo vigilaba ¡cuando ya se han profanado cuatro tumbas! En fin, después de esta noche, no creo que vuelva a suceder.

Agazapados en diversos puntos del cementerio, nos distribuimos para poder vigilar cualquier movimiento que se produjera durante la noche ¡y maldita noche! Durante horas una tormenta de una violencia increíble nos ha azotado sin descanso. Empapados, exhaustos y ateridos, hemos mantenido una guardia tan penosa como larga. Lo que no deja de sorprenderme es que entre la tormenta infernal y la falta de comunicación entre nosotros, hayamos conseguido actuar de una forma medianamente coordinada.

Estoy divagando… Bien entrada la noche, apareció un grupo de 7 u 8 trasgos. Uno de ellos, el más grande, permaneció en la entrada, custodiando la carreta que habían arrastrado hasta allí, el resto se dirigió directamente hacia una tumba reciente. Lakus decidió dormir a aquellos que se entretenían intentando profanar esa tumba, mientras yo me dirigía hacia el que había permanecido en la puerta del cementerio.

Los trasgos comenzaron a tambalearse y a caer unos tras otro al suelo, Saddin Konnin y Galian aprovecharon la distracción y la reducción en su número para atacar rápidamente a los que aún quedaban en pie. Mientras tanto Lakus, adelantándose a mis intenciones, atacó al líder derribándolo con su látigo.

Entre las posesiones del líder trasgo, encontramos un mapa de gran calidad y dos llaves. Una es a todas luces la del cementerio, pero la otra, vieja y herrumbrosa, no pertenece a ninguna cerradura evidente. Junto a todo esto había también una nota de caligrafía impecable firmada con una delicada A, pidiendo que el cuerpo fuera llevado al lugar de siempre.

En un papel Lakus ha escrito una serie de números, los ha memorizado y en un se la ha escondido a uno de los trasgos en lo que sea que lleven bajo los pantalones. ¡Ugh! Aflojando las cuerdas del trasgo, aún dormido. Cuando ha despertado, le hemos dejado escapar esperando poder seguirle hasta su verdadero jefe.

Los guardias de la orden se han hecho cargo del resto de trasgos prisioneros. Pero no sin que antes Lakus, en otro de sus alardes de sus dotes mágicas, ha logrado convencer a otro trasgo de que era su mejor amigo. Esta treta ha probado ser muy útil ya que, en su intento de convencerle de que nos guíe hasta su jefe, hemos descubierto que estos despreciables seres también le tienen miedo a uno que llaman el Carnicero y que les está obligando a robar los cuerpos de las tumbas.

Seguimos al trasgo “amigo” hasta una destartalada granja cerca de un camino que rodea el Asylum. Mi exploración de la granja no ha revelado nada en su interior pero Konnin detectó un aura maligna ascendiendo desde el suelo. Galian, siempre hábil encontrando rastros, localizó una trampilla entre la maleza cerca de la granja. Así descubrimos la cerradura en la que encaja la llave herrumbrosa.

Tal y como esperaba, los no-muertos nos esperaban de nuevo en esta aventura. Después de esquivar una trampa venenosa que nos esperaba al descender, tres necrófagos, ¡nuestros viejos conocidos! nos esperaban tras la única puerta visible de la gruta. Rápidamente nos hemos desplegado, Lakus ha cargado su ballesta, Galian preparado sus dagas y yo he buscado la alianza de las sombras para encontrar el momento justo para atacar. El paladín, se ha lanzado al ataque con su habitual arrojo, dándonos tiempo para prepararnos. Sin embargo, su altura y tamaño imponente han jugado en su contra esta vez y el poderoso arco que describía su espada se frenó dolorosamente en el techo de la pequeña gruta.

Mis armas, sin embargo, encontraron el blanco fácilmente y uno de los necrófagos cayó bajo mi ataque. Seguimos intercambiando golpes con los dos necrófagos restantes, sin perder de vista un humo extraño que les seguía desde una sala que se abría tras el pasillo por el que avanzaban. Con otro afortunado ataque conseguí acabar con otro de los necrófagos y, por fin, Konnin tras ajustar sus golpes al tamaño de la sala despachó al último de ellos.

Dejamos que se disipara el extraño humo y entramos en la que sólo puede describirse como una sala de torturas. Armas y herramientas de pesadilla colgaban de las paredes, herrumbrosas y sanguinolentas, describiendo en su horrible visión la finalidad de sus diseños. En medio de la sala, sobre una tosca mesa, el cuerpo de un joven abierto en canal daba testimonio de su uso.

Sin detenernos más que lo necesario registramos la sala para encontrar, detrás de una vieja armadura, una portezuela oculta que conducía al bosque. Durante mucho tiempo Galian nos ha guiado por los bosques siguiendo un rastro que partía del pasadizo hasta que éste se ha vuelto tan tenue que ni sus experimentados sentidos han sido suficientes para poder continuar.

Caminábamos de vuelta al Asylum cuando hemos notado que algo no andaba bien. Entonces, en el ambiente hemos identificado el inconfundible olor de la madera quemándose. El patio bullía con el ir y venir de gente intentado ponerse a salvo o apagar el fuego. El fuego estaba consumiendo los cuartos de los novicios sin piedad. El prior corría desesperado hacia allí y Saddin, Lakus y Galian se unieron a él sin pensarlo.

No es que no aprecie el sacrificio y preocupación de mis compañeros por las vidas de los jóvenes, pero nada me impulsa a meterme en un edifico en llamas sin un motivo realmente bueno.

[…]

Todo está más tranquilo ahora, las llamas se han apagado con la inestimable ayuda del elfo y su magia una vez más. Aunque imagino que no les importará mucho creo que ese pozo de agua que tienen en el patio tardará un tiempo en recuperarse…

Entre la destrucción del ala de los novicios dos cosas han quedado claras. Lord Albritch está detrás de ello o así quieren que lo creamos, tal y como apuntan una nota dejada con su firma y la daga con la que estaba clavada, y que el nieto de Paulus ha sido el único desaparecido.

No me da tiempo ha escribir mucho más ahora. No podemos perder más tiempo si queremos ayudar a Paulus a recuperar a su nieto y queremos, ¿no? Hemos decidido dividirnos. Galian y yo exploraremos un túnel que podrían haber usado en su huida del Asylum los secuestradores y los demás, acompañados por Paulus y dos de sus clérigos, irán directamente a la mansión de Albritch a enfrentarse a él.

Día 3 – 4

Al fin he conseguido dormir un poco y me alegra decir que por fin vuelvo a estar limpia y vistiendo ropa lavada. Pero antes de deleitarme en el tacto de fina camisa que visto o en la dulzura del perfume que ahora disfruto voy a terminar de registrar lo que ocurrió ayer por la tarde.

Nuestra exploración del túnel no dio ningún resultado y tal y como quedamos alcanzamos a Paulus y a los demás en el camino a la mansión de Albritch. A lo largo del camino encontramos rastros de caballos que se alejaban del Asylum con una prisa injustificada y que aumentaban la ansiedad de Paulus a medida que nos acercábamos a la mansión.

El plan era sencillo y satisfactorio para todas las partes. Paulus, en su furia y preocupación por recuperar a su nieto, deseaba irrumpir en la mansión y dejar hablar a su espada, sin embargo, nosotros éramos más partidarios de un acercamiento más discreto. Finalmente decidimos que Lakus y Galian me acompañarían en mi intento de colarme en la mansión y localizar e intentar sacar al niño sin ser vistos, mientras el resto entrarían por las bravas en la casa.

Al aproximarnos, todo estaba imposiblemente tranquilo. Ningún movimiento, ningún sonido venía de ella. “Están todos muertos” ha dicho Konnin visiblemente preocupado. Frente a la puerta principal, hemos comprobado nosotros mismos cómo los cuerpos de los sirvientes de la casa estaban abandonados de cualquier manera.

De nuevo la sensación del mal permeando cada superficie se apoderó de Konnin. ¡Estoy tan cansada de estos males que se pegan a todo como un mal olor! Pero no podía ser de otro modo, ¿verdad?

Abrimos la puerta de la mansión rápidamente, con las armas preparadas y la determinación de acabar con cualquiera que se nos pusiera por delante. Un ruido lento y pesado, como de cuerpos arrastrándose, se desarrollaba a nuestras espaldas. Los cuerpos animados de los sirvientes muertos alzándose como títeres infernales. En un intento de no vernos atrapados entre ellos y lo que hubiera tras la puerta, la cerramos dispuestos a abrirnos paso hasta el niño en primer lugar. Dentro el panorama tampoco era nada alentador. En el impresionante hall una treintena de goblins nos aguardaban capitaneados por un gigantesco osgo, en su mano una asquerosa hacha cubierta por los restos de quién sabe cuántos cadáveres.

Paulus, lanzándose al combate con sus dos clérigos tras él nos ha gritado que buscáramos a su nieto. Deprisa, sin detenernos más que a intercambiar breves golpes con los goblins que nos salían al paso, nos hemos abierto camino hasta las escaleras. Yo primero y luego Galian, llegamos hasta ellas.

La luz ya empezaba a caer cuando alcancé el último piso. Las escaleras desembocaban directamente en una enorme sala que debía ocupar la mayor parte de la planta superior. Al otro lado de las escaleras un enorme ventanal enmarcaba la escena que desarrollaba delante de él. Un hombre de lujosos ropajes se movía nervioso junto a una enorme reja en la que se distinguía a duras penas la impresionante figura de otro hombre atado. Sus rasgos estaban oscurecidos y a pesar de que no pude distinguirlo bien, algo en él era completamente extraterrenal. Junto a ellos dos estaba el muchacho sujeto por un viejo vestido con una túnica. La sala estaba iluminada por antorchas dispersas a las que se sumaban, cada vez con más frecuencia, los rayos de la tormenta que había comenzado mientras luchábamos abajo.

Galian esperaba un tramo por debajo, aguardando que bajara para describirle la situación arriba, entonces Lakus y Konnin, con el osgo ya muerto y luciendo algunas heridas un tanto preocupantes, se unieron a nosotras dando al traste con el silencio que había caracterizado nuestro ascenso. Rota ya la sorpresa, subimos sin demora para hacer frente a los hombres que apresaban al niño.

La situación parecía desesperada. “¡El alma de un inocente servirá para devolver la vida a otro!”, bramó Lord Albritch fuera de sí. Lakus entonó su cánticos mágicos. El anciano que sostenía al muchacho se quedó inmóvil, como petrificado, incapaz de seguir reteniéndolo. Lord Albritch desenvainó su espada y apuntó al chico con ella. Digno heredero del aguerrido Paulus, en un rápido movimiento se zafó de la presa inerte del anciano y corrió hacia nosotros esquivando la espada.

Entonces nos fijamos en el rostro del anciano, que incapaz de controlar su cuerpo, caía hacia atrás inevitablemente. En su rostro se dibujó claramente una mueca de terror absoluto mientras se desplomaba sobre una extraña palanca. Un rayo iluminó la sala y el trueno que le acompañó hizo retumbar la sala. La palanca pareció descender lentamente mientras observábamos hipnotizados la extraña escena que se desarrollaba frente a nosotros.

Empezó como un zumbido y poco a poco el sonido de engranajes y poleas se impuso al de la lluvia que golpeaba el tejado sin pausa. Albritch se acercó a la jaula desquiciado y rió con fuerza cuando un rayo cayó sobre ésta. Entonces lo vimos, aquello que las antorchas no conseguían iluminar en esa jaula, aquel rayo certero desveló el cuerpo de lo que parecía un hombre construido, recreado a partir de fragmentos de otros hombres, fragmentos que no casaban entre sí, que no podían pertenecer a un único ser, formando una horrible amalgama de colores mortecinos y miembros putrefactos.

Lord Albritch, completamente fuera de sí, abrió los grilletes que aprensaban a la criatura dejándola libre. Un violento temblor recorrió su cuerpo inmenso y alejándose de la jaula abrazó al noble con una fuerza descomunal. Recuperándonos de nuestro estupor entramos en acción. Lo primero era sacar al muchacho de allí. Echándoselo a la espalda Konnin corrió escaleras abajo mientras Galian y yo le cubríamos la espalda.

La criatura dejó caer el cuerpo del que había sido su padre al suelo y se volvió hacia nosotros. De las manos del elfo brotó la magia nuevamente y un muro de fuego barrió la habitación envolviéndola completamente. La mirada agradecida del monstruoso ser fue lo último que vimos mientras corríamos escaleras abajo.

Cuando llegamos al hall, sólo puedo describir el final de lo que debió haber sido una gloriosa batalla. Los clérigos, en evidente comunión con Velex, despachaban con la belleza de una danza perfectamente ejecutada a los goblins que aún no habían muerto.

Lakus se unió a nosotros silbando tranquilamente mientras terminaba el combate y nos acercábamos a la puerta preguntándonos si los sirvientes volverían a estar muertos. “¿Lo de los zombies está solucionado?” preguntó tranquilo el elfo.

Los clérigos, agotados, pero aún con su poder dispuesto emplearon sus conjuros en dar paz a aquellas pobres criaturas.

Con la torre de la mansión envuelta en llamas y amenazando a toda la edifición, nos alejamos de allí esperando que el fuego oculte los restos de la locura de un padre trastornado por la muerte de su hijo, de las atrocidades cometidas contra su gente y contra los principios mismos de lo que había luchado por construir en vida.

Pronto bajaré al salón para disfrutar de la gratitud de Paulus y olvidar durante un tiempo que la desesperación y la tristeza nos llevan por caminos inesperados y casi siempre trágicos.