Nueva Orleans, segunda parte

Como ya dijimos, el fin de semana lo hemos pasado en una casita en el campo, Cottage in the Farm. La casita estaba en una granja en un pueblo (mejor digamos “comunidad”) llamado Vacherie. En Vacherie no hay nada que ver ni hacer ni… nada de nada, por no poder hacer no se puede ni dar un paseo porque ¡no hay ni aceras! Casa tras casa, es una sucesión de “jardines” o “grandes huertos” a ambos lados de una carretera. Aún así, la casita era un lugar muy agradable, en medio de una granja con un largo vallado tras el que se desplazaban para un lado y para otro un montón de vacas, según la hora del día o la existencia de lluvia. Muy recomendable para pasar unos días muy tranquilos en los que sentarse a descansar, ver la lluvia caer a mares y escuchar los bichos 🙂 No, en serio, muy recomendable.

A pesar de nuestra idea de pasar el fin de semana relajadamente, no íbamos a pasarnos el día metidos en la casa o sentados en las mecedoras del porche, así que el sábado por la mañana cogimos el coche que habíamos alquilado en Nueva Orleans y nos fuimos a ver un par de plantaciones históricas. La primera a la que fuimos fue Oak Alley Plantation. En ella una muchacha más o menos vestida de época nos dio un paseo por la casa contándonos la historia de los sucesivos dueños de la plantación y alguna que otra anécdota. Aquí es habitual que pregunten a los asistentes su procedencia, todos eran estadounidenses salvo unas chicas de Taiwan y nosotros, pero por alguna razón los exóticos éramos nosotros, WTF! En sí misma yo no diría que la casa fuera muy interesante de ver más que para constatar lo que ya nos podemos imaginar, lo bien que vivían unos y lo mal que lo hacían otros. No quiero decir que la visita no merezca los 20$, al contrario, pero el valor arquitectónico o decorativo de la casa no creo que al visitante europeo le vaya a dejar muy impresionado, aún así me parece un pedazo de historia interesante y bien narrado. En Oak Alley tienen además alguna de las vistas más fotografiadas de las plantaciones de Luisiana y un grupo de casas de los esclavos reconstruidas.

Comedor de Oak Alley HouseComedor de Oak Alley HouseDormitorio principal de Oak Alley HouseDormitorio principal de Oak Alley HouseEl Oak Alley de... Oak Alley!El Oak Alley de… Oak Alley!

Después de Oak Alley Plantation, nos fuimos a media hora de allí a Houmas Plantation siguiendo la recomendación de nuestra anfitriona de Cottage in the Farm, Lois. Lo interesante de esta plantación son los jardines. Cuando llegamos decidimos obviar la visita a la casa y dar un paseo por los jardines. Realmente son una visita curiosa y tienen algunos rincones muy majos con su vegetación subtropical que les dan un sabor muy diferente a los típicos jardines que estamos más acostumbrados a ver. Pablo opina que los dueños originales de esta plantación tenían una sensibilidad cultural por encima de la media a juzgar por ciertos detalles que observó en la decoración de los jardines.

Houmas, una vista del jardínHoumas, una vista del jardínTerminadas nuestras dos visitas era momento de volver a casita a comer, pero no, no podíamos irnos, Pablo tenía que ir a un sitio que se llama Cabela’s porque se supone que tienen cosas para arquería.

Llegamos al Cabela’s famoso y era un edificio bastante grande, léase un tipo Decathlon pero dedicado exclusivamente a “deportes” outdoors y cuando digo “deportes” me refiero a caza especialmente. Por supuesto, tienen mucha ropa de campo y similares pero viendo la decoración de animales por todas partes ya te imaginas que la idea principal no es la acampada tal cual. Bueno, como decía, nada más entrar por la puerta nos recibió un muchacho muy sonriente con unos cupones de no-sé-qué descuento con el que nos regalaban además una taza con una asa-pistola. Jeje, raro pensé yo, y entonces a mi derecha, en una sección que ocupaba casi un lateral entero de la tienda, se alineaban rifles de todos los tamaños y tipos que os podáis imaginar, apoyados en la pared o en estantes, yo creo que mi cara debía ser un poema. Cierto es que no he visitado ninguna tienda de caza en España salvo la tienda en la que hemos comprado parte de nuestros pertrechos para el tiro con arco, pero en ella sólo hay arcos, nada de armas de fuego. No sé por qué intuyo que el tamaño de esta tienda debe estar fuera de escala de lo que tenemos por allí, pero es que una viendo tantas armas juntas se queda un poco a cuadros. En fin, que hasta ahora la única arma de fuego que había visto era la escopeta de perdigones de mis primos cuando era pequeña, así que ya os podéis imaginar que estaba un poco flipando. Con toda esta diatriba no quiero hacer un juicio de valor sobre el amor que tienen aquí a las armas (madre mía las pegatinas que hemos visto en algunos coches, a algunos de esos yo ni les adelanto, no sea que…) pero mi imaginación se iba rápidamente a esas secuencias cinematográficas en donde hay un apocalipsis (la tipología se deja como ejercicio para el lector) y la gente asalta las tiendas de armas descolgando rifles y semiautomáticas una tras otra… 🙂

En honor a la verdad tenían una sección de arquería pero el 99% estaba dedicada a arcos de poleas, nada de recurvados tradicionales. En fin, una visita interesante en todo caso para entender mejor una de las dimensiones “familiares” de los estadounidenses.

El domingo nuestro único plan era no hacer nada durante el día y luego irnos a hacer un tour en “airboat”. Pablo eligió una empresa que encontró en internet y que parecía ser menos tranquila que otras y que además ofrecía la posibilidad de hacer el tour durante la puesta de sol, de modo que la mitad del mismo trancurría ya por la noche. La idea de hacer el tour es meterse en los pantanos y además de ver el pantano, disfrutar algo de la fauna local, o sea, los aligátores. La cosa empezó bien cuando de camino, en plena carretera infinita de (también) corte apocalíptico nos encontramos con los restos de un aligátor de buen tamaño al que sin duda le había dado un buen golpe algún coche. ¡OMG! Una servidora que iba conduciendo se quedó alucinada pensando, “como me encuentre un bicho de ésos en medio de la carretera me da algo”. Las carreteras que hemos recorrido están tristemente llenas de restos de animales atropellados, mapaches, roedores, pájaros y, por lo visto, aligátores. No hay que perder de vista que muchas de ellas se abren en medio de pantanos y que a un lado y a otro de la carretera puedes ver extensiones interminables de árboles, vamos que aquí hay más que algún conejo despistado.

Pero vamos al tour, que tenía lugar en el Lac des Allemandes. A eso de las 19h nos montamos en el “airboat” que conducía un paisano que es todo lo que te puedes imaginar del típico señor de un pueblo de cualquier sitio del mundo. Además de nosotros dos iba una pareja de unos cincuenta y tantos, él de Kentucky y ella de West Virginia, en una embarcación que, sin contar con el conductor, debe de dar para cinco pasajeros bienavenidos. El capitán, creo que se llamaba Greg o algo así hablaba un inglés horriblemente horrible del que a veces yo no entendía ni jota. En fin, yo hablo/entiendo inglés bastante bien, pero esto es lo más parecido a irse a un pueblo del Cádiz profundo y tratar de comunicarse con un lugareño que vende pescado, en fin, que hay que echarle imaginación y buena voluntad. Aún así conseguí pillarlo casi todo y echarme unas risas. El paseo fue genial, los pantanos espectaculares, la fauna… jeje impresionante ver a un bicho de más de 3m a tu ladito ahí como si tal cosa. Para que veáis que somos unos valientes nos atrevimos a coger uno, aunque era de los pequeños. Una pasada eso de tener un aligátor en las manos 😉 No puedo dejar de expresar lo increíble que fue el paseo nocturno, la belleza del paisaje, la luna sonriendo entre los árboles cubiertos de musgo, el olor, los sonidos sobrecogedores, todo una maravilla. De verdad que es genial. Eso sí, bichos a miles literalmente, los notas impactando contra tu cuerpo cuando el airboat se desplaza a gran velocidad por el pantano, los notas revoloteando a tu alrededor en números que prefieres no pensar. Imprescindible el antimosquitos o te comerán vivo. Hay que tener en cuenta que la única luz que hay en todo el pantano a partir de cierto momento es el focazo que el conductor lleva en su casco para ver entre los árboles y para buscar aligátores y, claro, los bichos van todos a él y, por ende, a ti que estás sentado al lado. Lo mejor es mantener la boca cerrada (y evitar el “I swallowed a bug!”), no pensar en ello y disfrutar de la experiencia.

El airboat en síEl airboat en síLac des Allemandes (sur)Lac des Allemandes (sur)El airboat y su pasajeEl airboat y su pasajeUn aligátor grandecitoUn aligátor grandecitoEl mismo aligátorEl mismo aligátorGhilbrae y un mini aligátorGhilbrae y un mini aligátorVista nocturna entre la maleza acuáticaVista nocturna entre la maleza acuáticaHoy ya estamos de vuelta en Nueva Orleans para los últimos días por aquí antes de volver a casa. Hemos hecho nuestra tradicional visita a una tienda de comics local (Crescent City Comics) para comprar algún recuerdo (Pablo se ha ido muy contento al comprar una lámina de Blacksad “The Silent Hell”, ambientada en Nueva Orleans y firmada por los autores, coincidencias de la vida) y hemos pasado una tarde/noche tranquila cenando en un sitio hipster y cervezeando en un histórico pub irlandés de la zona.