Normandía: Rouen, pompas fúnebres y tatuajes

Este año decidimos que nuestras vacaciones fueran en Normandía. Hay dos atractivos para nosotros en esta región del Norte de Francia. Por un lado están las ciudades y pueblos de aire medieval, y por otro ser el escenario de una de las operaciones militares más importantes de la historia moderna occidental: el Desembarco de Normandía.

Nuestra ruta empezó en Rouen (Ruan), ciudad antigua y con mucha historia. Algunos de los "hitos" de su historia son la ocupación por parte de los ingleses durante la Guerra de los Cien Años, el juicio y ejecución de Juana de Arco en la hoguera o la destrucción de gran parte de la misma por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Rouen es una ciudad llena de vida y animación. Como ocurre en muchas ciudades europeas en sus calles conviven una mezcla de edificios que van desde los de mayor influencia medieval hasta llegar al siglo XXI, pasando por todos los siglos intermedios. No sé si me consuela o me entristece ver que no sólo en España muchos edificios nuevos desdeñan cualquier armonía con los circundantes e imponen una fea modernidad que parece hija del ego de algún arquitecto más que de un estudio detallado del entorno en el que se va a construir algo (Madrid está llena de tristes ejemplos).

¡Llaves!

Nuestro primer día en Rouen lo aprovechamos bastante. Dando un paseo nos dirigimos al peculiar Musée Le Secq des Tournelles. Según Pablo este museo emplazado en una iglesia contaba con una exposición centrada en la forja. Ilusa de mí me imaginé yunques, espadas, martillos, herramientas... Lo que había eran un montón de cachivaches de metal, fundamentalmente hierro. Molinillos de café, navajas (algunas muy curiosas), joyería, rejas de ventanas, y muchas llaves y cerraduras. Es verdad que algunas eran guays, pero cuando esperas otra cosa... pues bueno, en fin, al menos era gratis :P

¡Rejas!

En cualquier caso, encontrar una colección como ésa en una iglesia es cuanto menos inusual y aunque yo no lo calificaría de indispensable, fue una visita curiosa.

Tras nuestro paso por el museo de las llaves nos fuimos hacia el centro de la ciudad a ver catedrales, iglesias y calles. Las iglesias y catedrales góticas eran más o menos lo que esperarías de una iglesia o catedral gótica, las de Rouen son bonitas pero no son las más bonitas que he visto, creo que parte de su interés es ver el estado en el que quedaron tras la Guerra y cómo están ahora.

La catedral

El caso antiguo estaba fenomenalmente conservado y restaurado y por todos lados se podía disfrutar de la arquitectura característica de la zona, con edificios de fachadas de vigas de madera que en muchos casos acusaban en su forma el paso del tiempo.

Saint-Maclou ya por la noche

Paseando por la ciudad llegamos a la Aître Saint-Maclou. Tras atravesar un decrépito portón entramos en una especie de patio delimitado por destartalados edificios decorados con calaveras y objetos relacionados con los entierros y los enterradores. Según parece durante siglos se usó el lugar como cementerio para las víctimas de la peste y, aunque ahora parece abandonado, hasta hace poco se usaba como escuela de arte.

Hablando de arte, Rouen cuenta con un Museo de Bellas Artes que decimos no visitar fundamentalmente por falta de tiempo y ganas de pasar más tiempo al aire libre que dentro de edificios.

La verdad es que la ciudad tiene muchísimas cosas para ver y habría que dedicarle al menos un par de días enteros para verlo todo. Nosotros nos contentamos con algunas iglesias, el patio de los horrores y con dar largos paseos por sus calles llenas de rincones pintorescos.

Nos gustó especialmente el espectáculo de luces proyectadas en la fachada de la catedral. Llegamos ya empezado y nos quedamos hasta el final. Se sucedían pequeños cortos hipnóticos que ocupaban toda la fachada y que a menudo jugaban con ella. Fabuloso.

Al día siguiente, en lugar de quedarnos en Rouen, nos fuimos a hacer un recorrido por tres abadías. La primera de ellas fue la de Saint Georges de Boscherville (s. XII) en ella visitamos una iglesia románica que ya apuntaba maneras góticas, una sala capitular muy bien conservada y unos jardines con todo tipo de plantas, desde hierbas aromáticas hasta árboles frutales. Dentro del recinto encontramos una pequeña capilla construida por la familia Tancarville en el s. XIII en la que se exhibe una maqueta de la abadía durante el s. XVII época en la que fue ocupada por los benedictinos mauristas que desplazaron a los benedictinos más antiguos.

Vistas de la abadía desde lo alto del jardín

La siguiente parada fue la abadía de Jumièges, según algunos (creo que Victor Hugo) la ruina más bonita de Francia. Lo cierto es que las ruinas son ciertamente bonitas y se encuentran en unos jardines muy bien cuidados por los que se puede pasear tranquilamente. No puedo decir mucho más porque se puso a llover y el paseo por los jardines lo imaginamos. Pero la abadía sí que merece la pena.

Antes de que se pusiera a llover

Saint Wandrille fue nuestra última parada. De las tres es la única que sigue en uso. La lástima es que la parte más interesante estaba en obras, tapada por lonas y no se podía entrar :(

A pesar de ello pudimos ver una pequeña capilla antes de darnos la vuelta y volver al coche.

De vuelta en Rouen nos dimos otro buen paseo que Pablo aprovechó para gastarse todo el dinero suelto que llevábamos en una maquinita cochambrosa del año de la tos. De este paseo además saqué tres cosas en claro:

  • Rouen está llena de funerarias, creo que en dos días he visto más que en los cinco últimos años.
  • En Rouen hay tantos salones de tatuaje como funerarias, a veces puerta con puerta. ¿Estará relacionado? Nota mental: no hacerse tatuajes en Rouen.
  • Los cajeros de Rouen se esconden de lo lindo, nos dimos un paseo de 40 minutos buscando uno como locos, por las calles con más tránsito y más comerciales (!). Por supuesto, en cuanto conseguimos encontrar uno los demás brotaron como setas.

Hasta aquí llega la primera parte del viaje, en la siguiente ponemos rumbo hacia Caen y las playas de El Desembarco.