Normandía: las playas tristemente famosas

Abandonamos Rouen para entregarnos por completo a la parte del viaje dedicada al Día D. La guía que hemos comprado este año en lugar de cubrir Francia o Normandía, está enfocada en rutas en coche por la región. Lo bueno de este enfoque es que vas muy directo de un sitio a otro, lo malo es que contiene menos información relativa a planes alternativos o restaurantes y alojamientos que no estén en los puntos principales.

Una vez que salimos de Rouen nos encaminamos directamente a Caen, punto que nuestra guía aconsejaba como inicio de la ruta
dedicada al Desembarco de Normandía. Dado que teníamos tiempo antes de llegar al Airbnb en el que nos hospedamos, pensamos que un buen plan sería visitar la primera de las playas.

De norte a sur las playas del Desembarco son cinco: Sword (Ouistreham), Juno y Gold (Courseulles-sur-Mer), Omaha (7 km entre Vierville-sur-Mer, Saint-Laurent-sur-Mer y Colleville-sur-Mer) y Utah (Saint-Marie-du-Mont). Pensamos empezar por Sword y luego bajar a Juno y Gold dependiendo del tiempo del que dispusiéramos. La realidad fue que empezó a llover de lo lindo y tuvimos que cambiar de plan sobre la marcha. La mejor alternativa, y todo un acierto, fue visitar el Memorial de Caen, un museo completamente dedicado a la historia del Desembarco.

El museo ocupa una extensión enorme y como ocurre en museos más centrados en contar eventos que en mostrar curiosidades, los paneles se disponen de forma didáctica y muy atractiva. Hay una combinación de paneles explicativos, objetos de la época, fotografías y proyecciones muy cómodos de seguir y fascinantes de leer. La verdad es no hubo ninguna revelación inesperada pero aún así fue una introducción perfecta a las posteriores visitas a los lugares en los que se desarrollaron los eventos.

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El museo está dividido en varias secciones. La primera parte está enfocada a la historia de la Segunda Guerra Mundial. Esto comprende
las raíces del conflicto, empezando por un repaso somero a los años previos a la Primera Guerra Mundial y las consecuencias que
ésta tuvo desde un punto de vista geográfico, social y político en Europa. Un punto de partida fundamental para poder comprender cómo se pudo llegar a desencadenar otra guerra de gran magnitud en sólo veinte años. La exposición repasa muchas de las decisiones,
especialmente por parte de los gobiernos Británico y Francés, que permitieron la expansión de Alemania. No es fácil comprender
por qué pasaban por alto las voces de alarma de los alemanes que huían de su país o las cada vez mayores agresiones contra los
países vecinos si no se mantiene presente que aún tenían muy vivo el baño de sangre que fue la Gran Guerra o incluso una
sensación de invencibilidad, especialmente por parte del ejército francés.

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Modelos de maqueta de puentes para ingenieros

Tras el repaso por los orígenes, la exposición se adentra de lleno en la Guerra y en mayor medida en toda la historia que rodea al Desembarco, para terminar con el final de la guerra.

Entre esta sección y la siguiente hay un auditorio en el que se proyecta una película sobre el Desembarco con imágenes de la época
tanto del desembarco como de la lucha en tierra, lo que sería la Batalla de Normandía.

La última parte del museo cubre las consecuencias de la Guerra, con hechos como la Guerra Fría o los juicios de Nuremberg.

Hay algunas cosas que quiero destacar de esta visita porque creo que tienen gran peso en el hecho de que para mí haya sido tan destacable:

  • El enfoque que tiene el museo es de bastante equidistancia. Por supuesto que habla de las atrocidades que cometieron los alemanes, pero también habla de las que cometieron los aliados. En esa historia que conocemos y en esas películas que se nos venden, pocas
    veces oímos sobre los miles de civiles que murieron en los bombardeos a los que los aliados sometieron a muchas de las ciudades de Normandía (que quedaron literalmente arrasadas) o a las ciudades alemanas. Por cierto que para imaginar qué aspecto tiene una ciudad como Caen, Rouen, Coventry o Dresde tras un bombardeo sólo hay que buscar las noticias sobre Siria.
  • Aunque el museo se centra en la guerra en Europa también cubre los eventos de la guerra en el Pacífico, lo cual ayuda a tener una idea más global de lo que estaba ocurriendo en cada frente.
  • Un detalle en el que al menos yo no me había fijado hasta ahora es que la gran mayoría de las imágenes de la liberación de Francia en las que sale la gente saludando a los soldados aliados son de fuera de Normandía. Aquí la gente estaba más preocupada enterrando a los miles de muertos y buscando entre las ruinas de sus casas.
  • Las proyecciones, las fotografías, los objetos que se muestran hablan del horror que supone una guerra. No se ocultan ni el sufrimiento, de soldados o civiles, ni la muerte en todo su horror. No juega a intentar escandalizar o a horrorizar al espectador
    sino que expone los hechos tal cual. Es muy impresionante ver una proyección en la que ves a los soldados morir, desangrarse o yacer sin vida en medio de cultivos o caminos y horas después recorrer caminos parecidos y pensar en la gente que yacía muerta en ellos hace setenta años. Eso es la guerra. Es un detalle que quería destacar porque cuando hace un par de años estuvimos en el museo de la guerra de Nueva Orleans, aunque me gustó, me fui con una sensación de guerra hollywoodiense, una guerra sin muertos ni heridos, limpia.

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Por supuesto que la historia que se presenta en la exposición no obvia el hecho de que los Aliados luchaban contra la tiranía y la opresión nazi pero lo hace sin alardes heroicos fuera de lugar, repasando diversos ángulos.

La visita a este museo puede ocupar tranquilamente un día entero, especialmente si te lo lees todo, pero para nosotros mereció
la pena.

La única pega que le podemos encontrar a haber pasado tanto tiempo en el museo es que el tiempo que hemos dedicado a la ciudad de
de Caen es casi nulo. Algunos paseos por el centro y un paseo por el castillo construido por los normandos (en el que hay un
restaurante muy majo) y poco más. Nos disculpamos con Guillermo el Conquistador por dedicarle tan poco tiempo a la ciudad que fundó :(

Al día siguiente, con unas nubes que no auguraban nada bueno y un viento muy persistente, empezamos nuestro peregrinar por las playas. Dedicimos ir en primer lugar a Juno, la playa que tomaron los canadienses. Como no sabemos demasiado de Canadá o de su
papel en la guerra, nos metimos primero en el museo que tienen junto a la playa. Aunque mucha de la información ya la habíamos
absorbido el día anterior, el museo nos brindó la oportunidad de conocer un poco de la historia de Canadá antes de la guerra,
qué les llevó a participar en ella y la evolución de su relación con el Reino Unido. Todo muy interesante. Por ejemplo,
yo no sabía que la participación del país en la Primera Guerra Mundial fue un mandato de Gran Bretaña ya que tenía entonces un
control muy fuerte sobre las decisiones políticas del país. Esto además provocaba bastantes tensiones entre los canadienses de
herencia francesa y británica, como es lógico. Tras la guerra algunos políticos muy hábiles fueron ganado independencia hasta la firma del Estatuto de Westminster.

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El museo cubre también eventos de la historia canadiense de los siglos XIX y XX, en especial las políticas migratorias. En estos casos es
a veces tan importante lo que se dice, como lo que no, por ejemplo, se dice que no se admitía la emigración de personas negras hasta los años 50 (1950) o la discriminación a los inmigrantes europeos en función de factores económicos y étnicos. Por supuesto lo que no se dice es qué pasaba mientras tanto con lo que en Canadá se denomina las Primeras Naciones, que aunque tienen mención por su participación en las dos guerras en Europa, brillan por su ausencia en el apartado de las políticas migratorias.

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En cualquier caso, el museo nos resultó muy informativo en lo que respecta a Canadá.

Tras las fotos y los paneles tocaba ver la playa de verdad. Como es de suponer, si no has visto las imágenes y los vídeos, si no
has comprendido lo que ocurrió en ella, no es más que una playa en un día nublado y ventoso. Es el conocimiento lo que hace de un lugar como este algo impresionante.

Paseamos durante un rato por la playa y por el camino de tierra que la sigue en paralelo, la marea estaba bastante alta y no se podía caminar más que por una estrecha franja de arena. Cuando empezó a amenazar con lluvia de nuevo, nos volvimos al coche y nos pusimos en camino hacia la siguiente parada. Seguimos la línea costera en paralelo a la que fue denominada Gold beach y que junto con Sword beach fueron las dos playas tomadas por los británicos. Al final de Gold beach se encuentra el pueblo de Arromanches en el que se produjo una de las hazañas de la guerra. Dado que el ejército alemán tenía bajo su control toda la costa y, por tanto, todos los puertos, los aliados decidieron construirse uno. De esta forma, los ingenieros británicos construyeron un puerto artificial (Mulberry Harbour), conocido como Port Winston, con un sistema de bloques de hormigón y pontones flotantes. Aún pueden verse algunos de los bloques y restos metálicos tanto en la playa como en el mar.

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Se pueden ver las (supervivientes) estructuras de hormigón armado lejos en el mar, formando un semicírculo.

En Arromanches fuimos además a la proyección de una película con imágenes del desembarco y la destrucción posterior. Intentaba terminar con una nota positiva mostrando el estado de los pueblos y la gente en la actualidad. Muy esperanzador y eso...

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Tras una pausa para repostaje humano y aprovechando que el tiempo lo permitía dimos un paseo por la playa. Para mi sorpresa estaba salpicada por los restos metálicos del puerto artificial. Me alegro de que estén allí, aunque el paso del tiempo vaya haciendo estragos en ellos, pero no me explico como han resistido sin que decidieran quitarlos de allí.

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Sin mucha prisa nos dirigimos después a Longues-sur-Mer un enclave en el que se encuentran aún varias de las baterías alemanas que formaban parte del Muro Atlántico. Los cañones de artillería de 150 mm que aún hay aquí montados eran capaces de alcanzar distancias de 20 km con lo que podían alcanzar tanto Gold Beach como Omaha Beach. Actualmente quedan unos cuatros puestos de hormigón, el primero en peor estado, pero los otros en un estado excelente y además con el armamento en su lugar. Puedes meterte dentro de ellas, tocar los cañones y estudiar los puestos de los artilleros, las palancas y ruedas que usarían para apuntar y desplazarlos. Eran fantásticos y no me habría gustado nada estar a tiro de uno de ellos.

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Lo que me sorprendió muy gratamente es el estado en el que se encuentran. Este lugar se encuentra al aire libre y es de acceso abierto, no hay vallas ni verjas ni nada de nada y, a pesar de ello, no hay pintadas ni basura ni resto alguno de otros actos vandálicos. No pude evitar pensar que si estuvieran en España estarían hechos una pena...

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Es importante señalar que la mayoría de estos pueblos y enclaves se encuentran muy cómodamente comunicados por la carretera D514 y como están muy próximos unos de otros, es relativamente fácil visitarlos seguidos y en no mucho tiempo. La verdad es que en casi todos hay algún museo dedicado al Desembarco y centrado en el punto en el que se encuentra, pero después del Memorial de Caen y del más peculiar museo canadiense en Juno Beach, decidimos que parar en todos no tenía mucho sentido y que preferíamos ver los lugares en cuestión.

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Como final de este día tan intenso quisimos terminar en Omaha Beach, en el Cementerio Americano. El lugar ocupa una gran extensión y, además de un centro de visitantes al que no entramos, tienen varios monumentos en memoria de los caídos. Como sabemos bien, la playa de Omaha fue en la que cayeron más soldados y aunque ahora es un enclave tranquilo y bastante bonito rodeado de vegetación, el cementerio es un constante recuerdo de la guerra.

A pesar de las fotos que uno haya podido ver, cuando te acercas por el camino de baldosas y tienes el primer atisbo de los miles de cruces blancas (y alguna estrella de David) formando ordenadas hileras en filas que parecen no terminar nunca, es cuando los números cobran verdadero significado. En este cementerio hay enterrados cerca de 9400 soldados americanos, alrededor de un 40% de los caídos en Normandía.

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Paseando entre las tumbas se pueden ver grupos de gente alrededor de alguna en particular, ramos de flores o banderas clavadas en frente de alguna de ellas. Es un lugar silencioso.

Bien entrada la tarde cogimos nuestro Jeep (el pequeño coche que nos dio la compañía de alquiler cuando pedimos un compacto) y nos metimos por las carreteras más rurales que encontramos para alejarnos un poco de las vías principales y ver un poco más el campo normando. Terminamos llegando a un pueblo llamado Balleroy en el que paramos con la esperanza de que hubiera un sitio decente para cenar. No hubo suerte pero al menos pudimos echar un vistazo al chateau de Balleroy, una casita en el campo al estilo de la nobleza francesa y que al parecer ahora pertenece a un millonario americano, muy apropiado...

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Al final acabamos cenando en Ouistreham, donde está Sword Beach, en medio de una chupa de agua de las de cuidado.