Alemania: Dresde, llueve

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Abandonamos Berlín y el buen tiempo para llegar a Dresde y a la lluvia sin fin. Decidimos posponer nuestro tradicional alquiler de coche y viajar entre estas dos ciudades en tren. Según Pablo porque nos compensaba y tal, pero al precio del billete creo que lo único que nos hemos ahorrado ha sido tiempo al volante. En fin, que tras un viaje de algo menos de dos horas llegamos a la estación de Dresde. La habitación de Airbnb estaba muy cerca de la estación en un edificio de los ochenta de corte claramente RDA-ense.

Como llegamos con mal tiempo decidimos esperar un poco pero en vista de que no paraba de llover nos aventuramos a salir cuando la lluvia era más floja. El paseo fue un tanto húmedo pero la primera impresión de la ciudad fue bastante buena. Todo muy bonito y cuidado. Hay una clara división entre las zonas más antiguas y la más moderna. La ciudad está dividida por el Elba. Caminando desde la estación hacia el río en su margen sur hay una zona muy moderna y comercial que se va fundiendo en lo que es claramente la zona monumental, con las dos iglesias más importantes, el Zwinger y los museos. Al otro lado del río sigue la zona antigua pero en lugar de ser monumental es más una zona para salir, comer, con tiendas menos de cadenas y más particulares, etc. Esta primera tarde no dio para mucho más, tanto por el tiempo meteorológico como el físico. Nos reservamos lo "cultural" para el día siguiente, en el que iba a mejorar el tiempo (según Pablo). No paró de llover hasta las 6 de la tarde.

En vista de que no iba a haber tregua, nos sacamos la entrada combinada para tres museos y nos pasamos el día casi entero a cubierto. El Zwinger es un palacio enorme que rodea una plaza central de tamaño considerable. Su más ilustre habitante y promotor fue Frederick Augustus I a.k.a. Augustus the Strong que tiene una interesante estatua ecuestre de sí mismo haciendo cosplay de emperador romano, muy mono. El palacio tiene una larga historia pero la construcción actual es de estilo barroco y está claro que no repararon en gastos.

En fin, como iba diciendo, nos pasamos el día de museo en museo. Aún así hay prioridades y el primero que fuimos a ver fue el Matechakjdkjsf Salon (Mathematisch-Physikalischer Salon), es decir, el de cachivaches científicos. El Salon está distribuído en dos plantas. En la primera hay una variedad de relojes de mecanismos variopintos, aparatos de medición científica y una fantástica muestra de planisferios, globos terráqueos y mapas celestes. Después de leerlo todo y pasar un rato jugando con la calculadora de Pascal, subimos a la segunda planta. En ella había una curiosa recopilación de espejos y lentes gigantes para concentrar la luz y derretir metales así como bombas de vacío o telescopios. Lo pasamos fenomenal :-)

La siguiente parada se supone que iba a ser el museo más corto antes de comer. Así que nos fuimos al Dswefwahreñp porcelain, es decir, el Museo de la Porcelana (Porzellansammlung). Pensamos que sería pequeño y tal, pero estábamos muy engañados. El museo ocupa dos largos pasillos y la planta superior de uno de ellos. En el primero que nosotros visitamos había una extensa colección de piezas de porcelana importadas de China y Japón por Augustus, al que le gustaban mucho, pero mucho mucho (hablamos de 12.000 preservadas de unas 22.000 que llegó a tener). El segundo pasillo era más de lo mismo pero añadiendo piezas fabricadas en Europa, que tienen, todo hay que decirlo, un punto hortera que no tienen las originales. Lo más interesante de esta parte era la colección de figuras de animales, yo diría que casi a tamaño real. Una pieza del museo muy impresionante, a la par que fea, ocupaba el centro de una sala circular y representaba el proyecto para una estatua ecuestre de Federico Augusto, con su caballo, sus bolardos, y casi hasta la plaza entera en la que imagino que quería ponerla.

Un poco hasta el gorro de porcelana, que en pequeñas dosis no está mal, pero en estas cantidades ya nos empachó un poco, nos fuimos a comer y a coger fuerzas para la colección de pintura (Gemäldegalerie Alte Meister o Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos). Allí nos pasamos toda la tarde con una buena representación de obras que abarcaban desde el s.XV hasta el s.XVIII y que recogía artistas holandeses, italianos, alemanes, e incluso algún cuadro de Ribera, Murillo o Velázquez (orgullo patrio, oiga). Creo no equivocarme al decir que en general nos gustó bastante, el museo no estaba atestado y se podía pasear con calma y admirar los cuadros con traquilidad. Para mi sorpresa en este museo se encuentra el Madonna Sixtina de Rafael, el cuadro del que salen los dos angelotes que todo el mundo ha visto mil veces y que no son ni de lejos lo más interesante del cuadro.

Personalmente creo que los rostros de la Virgen y Sta. Bárbara son fascinantes. Fuente: Rafael Sanzio Wikimedia

Contentos con nuestra dosis de cultura nos fuimos a la calle, la lluvia al fin había parado y queríamos dar una vuelta por Dresde que a pesar del cielo gris lucía muy bonita. Vimos la iglesia restaurada de Nuestra Señora de Dresde y en general todo el complejo monumental que hace de Dresde una postal gigante. Cuando las piernas empezaron a flaquear, nos metimos en un café mezcla de tienda de antigüedades y salón de té que dio mucho de sí pero del que no nos hubiéramos llevado nada ni regalado.

La siguiente parada de nuestro viaje la hemos decidido un poco mirando un punto a una distancia de coche asequible desde Dresde y cercana a nuestro próximo destino fijo cerca de la Selva Negra. El misterio será revelado en la próxima edición, para mantener la misma intriga que teníamos la noche antes de salir, cuando reservamos el coche y el alojamiento :-)

Nota: mi alemán no es muy bueno, como se ha podido comprobar, pero respetamos mucho la lengua alemana y su generoso uso de las consonantes.